Interior Cordobés  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,00%Dólar MEP $1.548,30 +0,00%Riesgo país 509 pb +0,00%
JUE, 27 AGO 2026
Vida

Poner límites también es querer: por qué el "no" bien sostenido hace crecer a los chicos

Especialistas en crianza consultados explican que dialogar con los hijos no implica ceder siempre. La diferencia entre autoridad y autoritarismo pasa por combinar normas claras con afecto, presencia adulta y tolerancia a la frustración desde edades tempranas.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min
waftg

Lo veo seguido en la consulta, en la plaza, en la verdulería del barrio: padres y madres que llegan a casa agotados y, antes de escuchar el primer berrinche, ya movieron el límite. Les pregunto cómo terminó la cosa y la respuesta suele ser la misma: el chico se quedó con el capricho y el adulto, con la bronca de haber cedido otra vez. Esa escena, que se repite en miles de familias argentinas, es el punto de partida de una conversación que la psicología infantojuvenil viene dando hace rato y que todavía incomoda.

Porque claro, vivimos en una época que puso al diálogo en el centro de la crianza. Y está bien que así sea. El problema aparece cuando ese diálogo se transforma en una negociación sin fin, donde el adulto va perdiendo pie y el chico termina decidiendo lo que no debería decidir. La psicóloga infantojuvenil Ivana Raschkovan, autora del libro "Infancias respetadas", lo resume con una frase que a mí me quedó dando vueltas: "Conversar no quita autoridad; al contrario. La pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita. Si para esquivar un berrinche terminamos moviendo el límite, el mensaje se vuelve sumamente confuso".

Autoridad no es lo mismo que autoritarismo

Acá viene la primera confusión que las especialistas intentan desarmar. Autoritarismo, aclara Raschkovan, es abuso de poder. Es la gritería, la amenaza, la rigidez sin escucha. Respetar a un niño o a un adolescente no significa dejarlo hacer lo que quiera: el respeto está en el buen trato, no en la ausencia de normas. Dicho de otro modo: se puede poner un límite con voz firme y, al mismo tiempo, con la panza abierta.

  • Estilo autoritario: reglas rígidas, obediencia sin discusión, poco espacio para las emociones del chico.
  • Estilo permisivo: mucho afecto y pocos límites, en general por miedo al enojo del hijo.
  • Estilo democrático o autoritativo: normas claras sostenidas con diálogo y contención afectiva, considerado el más recomendable por la literatura especializada.

Estos tres estilos fueron descriptos en los años sesenta por la psicóloga Diana Baumrind y siguen siendo una referencia obligada cuando se habla de crianza. Lo interesante es que los tres pueden convivir en una misma familia según el día, el humor o el cansancio del adulto. La idea no es buscar la perfección, sino entender hacia dónde queremos caminar.

La psicóloga Deborah Bellota coincide en que los padres permisivos suelen ser muy cariñosos, pero muchas veces no ponen límites "por miedo a que el hijo se enoje con ellos". Esa dinámica puede favorecer la autoestima, pero también termina generando dificultades para autorregularse, baja tolerancia a la frustración y resistencia a las figuras de autoridad. Algo que, vaya uno a saber cuántas veces, se ve después en la escuela o en el club.

“Los límites son indispensables para aprender a vivir en sociedad. La vida misma ya presenta dosis diarias de frustración: hay que ir a dormir aunque quieran seguir jugando, no se puede almorzar caramelos, hay que dar la mano para cruzar la calle. Esas pequeñas frustraciones cotidianas van construyendo la tolerancia a la frustración.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil

Esa tolerancia no aparece por arte de magia. Se aprende. Y se aprende, sobre todo, en la infancia. Si un chico no experimenta el "no" adentro de un entorno seguro, con adultos que lo quieren y lo contienen, es probable que después no tenga los recursos emocionales suficientes para bancarse un "no" en la calle, en el aula o en la vida adulta. Por eso los límites, dicen las especialistas, son una forma de cuidado y no un castigo.

Bellota agrega algo que me parece clave y que cierra esta idea: el trabajo del adulto no termina cuando dice "no". Un límite bien puesto viene siempre acompañado de una explicación a la altura del chico, de un abrazo si hace falta y de la disposición a bancar el enojo que esa decisión puede generar. En criollito: sostener el límite con la espalda recta y el corazón abierto. Ni la espalda floja que cede por miedo, ni la espalda dura que solo impone por imponer.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo