Un verano con dos caras en el norte patagónico: humedad primero y calor después
El Niño, con intensidad fuerte, marca la primera mitad de la temporada en Neuquén y el Alto Valle, mientras que desde fines de enero el panorama tiende a secarse y a calentarse.
Los registros de julio y octubre dan la pauta del escenario: en julio la zona acumuló alrededor de 80 milímetros de lluvia, cuando el promedio histórico del mes ronda los 11 o 12 milímetros, y en octubre los valles superaron los 60 milímetros frente a un promedio mensual de entre 20 y 25 milímetros. Ese antecedente reciente es el punto de partida para leer las proyecciones de la temporada estival.
El norte de la Patagonia ingresa al verano con un mapa climático distinto al de los últimos años. El fenómeno de El Niño, catalogado con una intensidad fuerte, influye sobre la región durante la primera mitad de la temporada, con más humedad, mayor frecuencia de tormentas y temperaturas que no alcanzarían los picos extremos de veranos anteriores.
La primera etapa: más lluvia y tormentas
La proyección trimestral del Servicio Meteorológico Nacional para noviembre, diciembre y enero anticipa precipitaciones levemente superiores a los valores normales en todo el norte de la Patagonia, desde la cordillera hasta la costa. Según ese pronóstico, habrá chaparrones más frecuentes, tormentas con actividad eléctrica y posibilidad de granizo, por lo que no se trata de un verano de cielos despejados de forma continua.
- Precipitaciones levemente superiores a lo normal entre noviembre y enero.
- Chaparrones más frecuentes en toda la región.
- Tormentas con actividad eléctrica y posibilidad de granizo.
- Temperaturas moderadas, sin picos extremos.
La segunda etapa: viraje hacia el calor
Hacia fines de enero y durante febrero, las proyecciones indican un cambio hacia condiciones más secas y temperaturas más altas. Las jornadas de calor serían más frecuentes y el tiempo tendería a estabilizarse, un escenario que ofrece mejores chances a quienes buscan días soleados y cielos despejados.
Mauricio Gorostarzu, responsable de la estación meteorológica de Cipolletti del Servicio Meteorológico Nacional, indicó que el fenómeno podría extenderse hasta comienzos del año próximo y mantener efectos durante marzo y abril. También señaló que el avance hacia condiciones más secas en la segunda parte del verano requerirá seguimiento del riesgo de incendios forestales en las zonas de montaña.
Para quienes planifiquen senderismo, campamentos o visitas a parques, la primera mitad de la temporada exige seguir de cerca los pronósticos de corto plazo, ya que las condiciones serían variables y podrían cambiar con rapidez. Las tendencias trimestrales, por su parte, no permiten anticipar con precisión qué pasará en cada jornada puntual.
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