Rubén Rada se fue y dejó un mapa de afinidades con los pibes que rompen
El músico uruguayo murió y sus últimas palabras sobre Tini, Trueno, Wos y el recambio generacional cobraron otro peso. Repaso de un legado que miraba hacia adelante, sin nostalgia barata y con una advertencia fina para los que recién empiezan.
Dicen que cuando se muere alguien famoso aparecen las frases célebres como si fueran estampitas. Con Rubén Rada pasa algo distinto: sus palabras sobre los músicos jóvenes no son de ésas que se rescatan por compromiso ni para adornar necrológicas. Son declaraciones que había hecho en los últimos tiempos, con la lucidez de siempre y esa mezcla de uruguayo bonachón y maestro sin diploma que lo caracterizaba.
El creador de “El penetratedor” y “Bolso” no se quedó en el rincón de los viejos que añoran su época dorada. Todo lo contrario. Tenía un mapa mental de la música actual y lo recorría con nombre y apellido. “Tini, Trueno, Wos y una cantidad de artistas nuevos que están rompiendo, Conociendo Rusia. Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho”, había dicho, sin pelas en la lengua.
Sin nostalgia, pero sin ingenuidad
Rada fue explícito frente al cambio generacional y le huyó a la muletilla del “todo tiempo pasado fue mejor”. “El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos”, sostuvo. Reconoció que los recursos, los sonidos y las formas de producción actuales configuran un escenario distinto al de su formación, y que esa diferencia merece respeto, no comparación.
Para graficar su propia adaptación a los nuevos lenguajes, contó una anécdota que pinta de cuerpo entero su manera de entender el oficio: grabó una canción junto a un artista de rap que acumuló quince millones de reproducciones. La reacción de sus nietos, que le dijeron que recién ahí “se había ido para arriba”, le confirmó que había que leer el presente con otras claves, no con las de hace cincuenta años.
“Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público.”Rubén Rada
La advertencia que sobrevuela la nota
No todo fue palmadita en la espalda. Junto al reconocimiento a Tini, Trueno, Wos, Nafta, Catriel, Ricardo Mollo y El Plan de la Mariposa (los tenía a todos en la cabeza, los seguía de cerca cuando iba a Montevideo), dejó una advertencia con forma de consejo y de herencia: “Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree.”
- Tini: la popera argentina que le dice que le…
- Trueno y Wos: dos lecturas distintas del rap nacional, las dos con su firma.
- Catriel y Nafta: el recambio que Rada miraba con cariño paternal.
- Conociendo Rusia: el proyecto de Nicolás Bereciartúa, otro que tenía en la mira.
- Ricardo Mollo y El Plan de la Mariposa: vínculos de visita, café de por medio.
También revisó su propio recorrido con una franqueza que duele y emociona a partes iguales. Admitió no haber alcanzado la masividad de otros colegas de la región y describió su lugar en la escena como el de alguien más reconocido por los músicos que por el público general. Esa confesión, lejos de victimizarlo, lo agranda: muy pocos se animan a poner en palabras lo que muchos sienten en silencio.
(Dato al margen: en un país como la Argentina, donde todo se mide por rating y venta de entradas, que un artista de la trayectoria de Rada ponga el foco en el respeto de los pares y no en el reconocimiento masivo dice más que mil notas de color.)
Lo que sobrevuela la muerte de Rubén Rada no es sólo el inventario de sus canciones o la cantidad de escenarios que pisó. Es una manera de pararse frente a la música: sin fronteras generacionales, con exigencia hacia uno mismo y con la mirada siempre puesta en lo que viene. Su consejo a los jóvenes termina siendo también un consejo para todos los oficios: si te quedás quieto, te morís en vida. Aunque a él, justamente, lo que lo mantuvo vivo hasta el final fue moverse, escuchar y dejarse sorprender por los pibes que están rompiendo. Si tenés que elegir un disco suyo para este finde, vaya uno que sea injusto: “Montevideo” o “La Bella y la Bestia”. Cualquiera de los dos le sienta como anillo al dedo a su figura: un señor que hizo escuela sin dar clases.
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