Más de 20.000 peces nativos distribuidos por la UBA para combatir el dengue en reservorios de difícil acceso
La Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía entrega de forma gratuita ejemplares de dos especies autóctonas que consumen hasta 100 larvas de mosquito por día. La iniciativa, activa desde 2022, articula con escuelas, vecindarios y cooperativas de reciclado y fue declarada de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires.
Unas veinte mil familias, escuelas y organizaciones comunitarias ya recibieron en los últimos años ejemplares de Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas como madrecitas de agua, en el marco del programa de control biológico del dengue que impulsa la Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) desde 2022. La distribución, totalmente gratuita, se sostiene en el marco del programa de extensión universitaria UBANEX y cuenta con la articulación de la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO).
Dos especies autóctonas con alto poder de control
Las dos especies elegidas por el equipo de Agronomía pertenecen a la fauna ictícola local y resultan particularmente aptas para la tarea que se les encomienda, dado que cada ejemplar adulto puede consumir hasta 100 larvas de mosquito por día. La preferencia por peces nativos no es casual: se trata de organismos adaptados a los cuerpos de agua de la región, con requerimientos sanitarios y ambientales mínimos, lo que facilita su cría, su traslado y su instalación en recipientes pequeños. En la práctica, estas características los vuelven una solución viable para piletas de lona, estanques domiciliarios, bebederos de animales y, en general, para todos aquellos reservorios domésticos donde las técnicas tradicionales de control resultan poco prácticas o directamente inviables.
“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto
La coordinadora del proyecto, Ana Paula Baldonedo, explicó que cualquier persona puede solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico, en una dinámica que apunta a sumar herramientas al manejo integrado del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, sin reemplazar las medidas clásicas de prevención, que incluyen el descacharrado, la limpieza de canaletas y el uso de repelentes.
- Más de 20.000 ejemplares de madrecitas de agua distribuidos entre 2024 y 2025.
- Entrega gratuita a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias a través de UBANEX y la Cooperativa RUO.
- Resolución que declaró al proyecto de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires.
- Capacidad de cada pez adulto: hasta 100 larvas de mosquito consumidas por día.
- Aplicación principal: reservorios de difícil vaciado o tratamiento químico.
El contexto sanitario argentino le otorga al proyecto una relevancia adicional que el equipo de la Facultad de Agronomía decidió no soslayar. En ese sentido, cabe recordar que la temporada 2023-2024 cerró con más de 580.000 casos confirmados de dengue en el país y 419 fallecidos, la cifra más alta registrada hasta el momento. Sobre esa base, López sostuvo que la propuesta se inscribe en una lógica de manejo integrado y de largo plazo, concebida como complemento de las estrategias vigentes y no como sustituto de ellas.
“Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales
En las aulas y en los barrios donde ya se trabaja con los peces, el cambio es concreto y observable: los reservorios de agua estancada que antes permanecían sin posibilidad de tratamiento químico o mecánico —por su volumen, su ubicación o su frecuencia de uso— cuentan ahora con controladores biológicos permanentes, adaptados al ambiente y sostenidos por la propia dinámica del ecosistema. La estrategia, según subrayan sus responsables, convierte a cada vecino o escuela participante en un nodo activo de prevención, con un costo operativo mínimo y con la ventaja adicional de no incorporar sustancias potencialmente tóxicas al entorno domiciliario.
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