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SÁB, 24 OCT 2026
Economía

Cocinas a leña que resisten el paso de las generaciones en Tres Arroyos

La fábrica Istilart, fundada en 1898, combina producción industrial y trabajo artesanal para fabricar unas 500 cocinas de hierro fundido por año, con destino en estancias, puestos y hogares rurales de la Argentina.

IC
Ignacio CraveroLechería e industria · · lectura 3 min
Cocinas a leña que resisten el paso de las generaciones en Tres Arroyos

El precio del litro al tambero no aparece en esta historia, aunque la relación entre la leche y el maíz explica buena parte de la economía de las zonas rurales: sin alimento para el ganado no hay producción, y sin producción no hay una estancia capaz de sostener el consumo de gas o electricidad en un puesto Patagonia. En ese contexto, la cocina a leña no responde a una moda estética, sino a una necesidad concreta de las familias que viven lejos de los centros urbanos.

En Tres Arroyos, Buenos Aires, la fábrica Istilart conserva una tradición que began en 1898, cuando Juan Bautista Istilart, inmigrante de origen vasco-francés, abrió un taller de reparación de maquinaria agrícola. Con el correr del tiempo, la empresa se transformó en un fabricante de cocinas, estufas, hornos, parrillas y mobiliario para exteriores de fundición, un material que permite recuperar equipos antiguos y mantener su funcionamiento durante décadas.

La compañía llega al siglo XXI con una escala muy distinta a la de sus años de mayor expansión, cuando llegó a contar con más de 1.000 empleados y 30.000 metros cuadrados cubiertos. En la actualidad, la fábrica opera con apenas 30 trabajadores y produce alrededor de 500 cocinas por año. Javier Gallardo conduce la empresa hace 38 años y sostiene que la producción anual se mantiene estable, con un Knowledge que combina el trabajo industrial en serie con saberes artesanales aprendidos en las escuelas técnicas y transmitidos de una generación a otra.

Hierro fundido a 1.200 grados y trabajo a mano

El proceso de fabricación comienza con el moldeado del hierro de fundición a 1.200 grados. Las piezas se elaboran a mano con moldes, y el resultado son artefactos de peso considerable: los modelos más grandes, como la cocina número 7 de doble frente, superan la tonelada y fueron diseñados para cascos de estancia, hoteles rurales y grandes cocinas de campo. Las cocineras de menor tamaño llegan a hogares urbanos y semiurbanos, donde encuentran demanda quienes buscan una alternativa duradera a los electrodomésticos convencionales.

“Un puestero de la Patagonia no tiene acceso a ciertas comodidades, pero sí puede tener una cocina que le sirve para preparar los alimentos y calentar el hogar.”Javier Gallardo

Frente a las alternativas de gas y electricidad, la cocina a leña ofrece otra ventaja en las zonas remotas: el combustible está disponible. En un puesto, una estancia o un paraje donde el traslado de un tubo de gas se convierte en un problema logistical y un motor no soporta una estufa eléctrica, el equipo de fundición resuelve una necesidad inmediata. La resistencia del material es otra de sus características distintivas: las piezas soportan décadas de uso intensivo, pueden repararse y la propia fábrica conserva repuestos de modelos antiguos.

  • Recuperación de cocinas abandonadas en puestos: un cepillado de acero y una mano de pintura con grafito, barniz y pintura negra permiten devolverles servicio, según informa la empresa.
  • Catálogo diversificado: además de cocinas, la fábrica ofrece estufas de fundición de bajo consumo, hornos, parrillas y mobiliario para exteriores.
  • Destino principal en zonas rurales y patagónicas, con clientes que necesitan prepare alimentos y calentar el hogar sin depender de la red de gas o electricidad.

Comparada con la producción de hace un año, la Estimate se mantiene en el mismo orden de magnitud: unas 500 unidades anuales, unes 30 personas y una fábrica que opera con procesos en parte artesanales. La combinación de know-how técnico y trabajo manual aparece como la clave para sostener un producto que, por su peso y por los de un hogar rural, no admite el mismo tipo de estandarización que un electrodoméstico convencional.

Al cierre de esta visita, el Balance de la fábrica Istilart se resume en una industrial que produce objetos pensados para durar más que sus compradores. Como resume Javier Gallardo, el ventaja del hierro fundido es que, en muchos casos, sigue funcionando y puede repararse incluso después de varias décadas de servicio. La cocina que se hereda, se recupera o se reemplaza encuentra así su lugar en un mercado que, lejos de ser nostalgia, responde a la falta de infraestructura en buena parte del campo argentino.

IC
Ignacio CraveroLechería e industria

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