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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Chequeos que no duelen y que pueden cambiarlo todo: por qué conviene hacerse controles aunque el cuerpo no avise

La presión arterial elevada o algunas alteraciones en sangre pueden pasar inadvertidas durante años; los estudios periódicos son la herramienta más concreta para anticiparse a esos riesgos y ajustar la frecuencia según la edad, los antecedentes y la etapa de vida.

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Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 3 min
Chequeos que no duelen y que pueden cambiarlo todo: por qué conviene hacerse controles aunque el cuerpo no avise

Lo escuché de un médico clínico hace ya unos cuantos años, en una charla de café que se estiró más de la cuenta. Me dijo algo que me quedó dando vueltas: que el cuerpo no siempre avisa antes de enfermarse, y que la mejor manera de cuidarse es no esperar a sentir nada raro para ir a controlarse. La frase me pareció exagerada hasta que empecé a prestar atención a la cantidad de gente que conozco —vecinos, compañeros, parientes— que descubrió una hipertensión o una glucemia alterada en un chequeo de rutina, sin haber tenido jamás un síntoma que los hiciera sospechar. Sentirse bien, lejos de ser un certificado de salud, puede ser apenas el silencio de un cuerpo que todavía no se quejó.

Qué se revisa en una visita preventiva

Una consulta de control no es un trámite: es una radiografía bastante completa de cómo estamos funcionando por dentro y por fuera. El equipo de atención primaria suele registrar peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, y además mirar ojos, oídos, piel y mucosas. A partir de ahí, y según la edad, el sexo y el historial de cada paciente, el profesional decide qué estudios pedir. Los análisis de laboratorio, cuando corresponden, aportan información sobre el riñón y el hígado, sobre los valores asociados a la diabetes y al riesgo cardiovascular, y también sobre posibles anemias o procesos inflamatorios. La indicación no es la misma para todos: depende de lo que aparezca en la consulta clínica y de lo que cuente cada persona sobre sus hábitos y sus antecedentes.

En ese punto es donde la historia familiar pesa, y mucho. Si en la familia directa hubo enfermedades cardíacas, diabetes o ciertos tipos de cáncer, los controles suelen empezar antes o repetirse con mayor frecuencia. Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, lo resumió con una idea que vale la pena repetir: el cuidado preventivo contempla el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para armar un plan individual. No es una receta igual para todos: es una conversación entre el profesional y el paciente, ajustada a la vida concreta de cada uno.

Cada cuánto, según la edad y la etapa

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana y sin factores de riesgo puede hacer un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, la recomendación tiende a orientarse hacia controles anuales, sobre todo para revisar presión arterial, glucemia y colesterol.
  • Entre los 45 y los 75 años se incorpora la detección del cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas habituales, aunque los antecedentes familiares pueden adelantar el inicio.
  • Durante la gestación, las consultas prenatales regulares apuntan a detectar a tiempo preeclampsia, diabetes gestacional o problemas en el crecimiento fetal, entre otras complicaciones.
  • Ante enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión o insuficiencia renal, la frecuencia la marca el equipo tratante y suele ser más estricta que en personas sin esas condiciones.

Vuelvo a la escena del principio, al médico del café y a la frase que me dejó pensando. La prevención no es un lujo ni una obsesión de gente hipocondriaca: es, en la mayoría de los casos, la diferencia entre llegar a tiempo y llegar tarde. Un control que duele poco, que insume una mañana, y que muchas veces se puede hacer incluso cerca de casa, puede detectar a tiempo algo que después costaría muchísimo más —en salud, en tiempo y en plata— revertir. Y eso no lo dice el cuerpo: lo dicen los números, los antecedentes y la experiencia acumulada de los profesionales que ven, todos los días, cómo un hallazgo a tiempo cambia el destino de una persona.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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