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SÁB, 17 OCT 2026
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El comprobante de 1981 que guardaba una receta: la historia de los hermanos que transformaron la salsa de la nonna en un emprendimiento

En Centenario, Neuquén, dos hermanos revivieron una tradición familiar italiana de cuatro generaciones después de encontrar entre papeles viejos las anotaciones de producción que su abuela escribió al dorso de un comprobante de Gas del Estado. Hoy elaboran 1.500 botellas por temporada sin conservantes ni aditivos.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
El comprobante de 1981 que guardaba una receta: la historia de los hermanos que transformaron la salsa de la nonna en un emprendimiento

Llegué a Centenario una mañana cualquiera de este invierno patagónico, con el cielo todavía gris y la calle principal todavía medio dormida. Lo que no sabía era que detrás de una casa de los años cincuenta, a pocas cuadras del centro, se escondía una historia que empieza en un pueblito de la costa italiana, pasa por un comprobante de gas del año 1981 y termina, por ahora, en mil quinientas botellas de salsa de tomate vendidas a lo largo y ancho del país. Esa es la historia de Mister Tomato, y se la cuentan mejor sus protagonistas, que son también sus herederos.

Todo arranca en Ancona, una ciudad portuaria del centro de Italia de la que salieron a principios del siglo XX Argentina Martarelli y Pompeyo Pieroni, los bisabuelos de la familia. Se instalaron en el Alto Valle de Río Negro, en una zona que por entonces empezaba a poblarse de chacarados y frutales, y trajeron consigo, como tantos otros inmigrantes, una caja invisible que no figuraba en ningún inventario: la costumbre de hacer salsa de tomate casera cada verano, en grandes cantidades, para llenar la despensa del año.

Cuatro generaciones de mujeres y cucharones

La tradición se fue heredando de madre a hija, en una línea que ellos mismos reconocen como femenina. Primero fue el turno de los hijos del matrimonio Martarelli, entre ellos Julia, la abuela. Después le tocó a la hija de Julia, Cristina. Y más tarde a las hijas de Cristina. Cada enero, cuentan, las mujeres de la familia se juntaban desde las siete de la mañana. Cada una sabía qué tarea le correspondía: seleccionar los tomates uno por uno, encender el fuego, revolver las ollas enormes. Llegar tarde, dicen todavía hoy entre risas, podía significar directamente esperar al domingo siguiente, porque a la nonna no le gustaba que la ayudaran a deshora.

Cuando Julia murió en 2006, la casa quedó cerrada durante años. Hasta que su nieto Juanma, ya grande, decidió volver a recorrerla con tiempo y sin apuro. Fue así como, entre cajas de fotos y papeles viejos, se topó con un comprobante de pago de Gas del Estado fechado en 1981, con sello del Banco Provincia del Neuquén. Lo curioso fue darlo vuelta: en el reverso, con la letra prolija y firme de la abuela, estaba anotada toda la producción de aquella temporada. Cajanones de tomates, botellas rotas, botellas limpias, botellas sanas. Un registro minucioso que nadie había salido a buscar y que había sobrevivido cuatro décadas enterrado en un cajón.

“Fue como encontrar un tesoro. Hasta ese momento la salsa era simplemente lo que se hacía en casa; ese papel nos hizo mirar la receta de otra manera”Juanma, nieto de Julia

De la cocina de la nonna a la sala municipal

Para pasar del consumo familiar a la venta, primero tuvieron que aprender a hacer las cosas en serio. Se capacitaron en elaboración de conservas y seguridad alimentaria, y las primeras prácticas las hicieron nada menos que en La Celina, la sala municipal de Centenario, el mismo edificio donde antes funcionaron dependencias del viejo municipio. Ahí empezaron a entender las diferencias entre cocinar para la familia y cocinar para terceros: el punto de cocción, la esterilización, los tiempos, los registros, los números en la etiqueta. El primer lote oficial de Mister Tomato fue de entre treinta y cincuenta botellas. Se quedaron sin tomates antes de lo previsto y entendieron, en la práctica y con algo de frustración, que producir para vender exige otra lógica.

Al verano siguiente llegaron mejor organizados, con los productores de la zona ya avisados y un cronograma armado de antemano. Trituraron más de quince mil tomates y embotellaron unas mil quinientas unidades. El último lote, elaborado en mayo, se agotó por completo. La demanda, según cuentan, empezó a llegar primero por el boca a boca en Centenario, después por las ferias regionales y más tarde por el envío a distintas provincias.

La receta que se mantiene intacta

  • Base de la receta original de la nonna Julia: tomate triturado y albahaca.
  • Sin azúcar, sin sal agregada y sin conservantes.
  • Tomate San Marzano de productores locales del Alto Valle.
  • Elaboración artesanal, en lotes pequeños, sin aditivos industriales.
  • Tradición familiar italiana que se remonta a cuatro generaciones.

Antes de irme, paré de nuevo frente a la casa de Centenario donde empezó todo. La misma donde la abuela Julia anotaba sus rindes al dorso de los comprobantes, sin sospechar que ese papel iba a servir, cuarenta años después, como acta de fundación de un emprendimiento que todavía hoy lleva, en la etiqueta y en la memoria, el nombre abreviado de la nonna. Mister Tomato es, en el fondo, una forma de mantener viva una mesa larga, con muchas sillas, donde siempre sobra salsa.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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