Una comadreja enana entre la leña y la paciencia: lo que Cutral Co le enseñó al barrio
Apareció oculta en una pila de leña, en una casa de Cutral Co. Nadie la tocó. Llamaron a Guardafaunas de Picún Leufú y el animal volvió a la estepa. La historia detrás de un encuentro que se repite más de lo que parece.
Yo vi esa pila de leña una mañana cualquiera de la semana pasada, cuando todavía el patio estaba en penumbras y un vecino me abrió la tranquera con esa mezcla de curiosidad y de culpa que solemos tener cuando algo se nos cruza en la casa y no sabemos bien qué hacer. Me dijo, casi en voz baja: 'Mire, ahí atrás, entre los troncos, hay algo que no es un ratón'. Tenía razón. Asomaba un hocico finito, unos ojos enormes rodeados de un antifaz oscuro y una colita que se enrollaba a una rama como si fuera un quinto dedo. Era una comadreja enana, una de esas visitantes que uno no espera y que, cuando aparecen, suelen terminar mal si alguien se deja llevar por el impulso de agarrarla.
La casa queda en Cutral Co, en el corazón de la provincia de Neuquén, y el hallazgo volvió a poner sobre la mesa una pregunta tan simple como urgente: qué hacemos cuando la fauna silvestre se nos mete en la vida cotidiana. En este caso, los dueños de la vivienda hicieron lo que indica el sentido común y, sobre todo, lo que indica el protocolo: no la tocaron. Levantaron el teléfono y dieron aviso. Esa decisión, tan chica en apariencia, fue la que terminó con un final feliz.
Un protocolo que empieza por no hacer nada
Desde Picún Leufú llegó el equipo de Guardafaunas, que es el cuerpo que en esa zona de la provincia se ocupa de estos rescates. Hicieron una evaluación veterinaria con manipulación mínima, lo justo para confirmar que el animal estaba sano, y al rato ya lo habían liberado en su ambiente natural. Pocas horas entre el llamado y la devolución a la estepa, sin estrés de más, sin fotos caseras con flash, sin cajita con trapos.
La especie protagonista del episodio es la comadreja enana, cuyo nombre científico es Thylamys pallidior. Es un marsupial chico, de esos que parecen un ratón hasta que uno se acerca y empieza a notar las diferencias. Mide entre ocho y medio y doce centímetros de cuerpo, pesa entre quince y treinta y seis gramos, tiene pelaje grisáceo, panza clara y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan esa cara de traviesa que tanto llama la atención. Pertenece a la familia de las comadrejas americanas, nada que ver con los ratones comunes que a veces se instalan en los galpones.
- Es un animal nocturno y muy discreto, difícil de ver de día.
- Se alimenta de insectos, frutos y pequeños animalitos.
- Tiene cola prensil, que usa para colgarse y para acumular grasa.
- Esa reserva de grasa le permite pasar los meses más fríos y de escasez.
- Vive en ambientes áridos y de estepa, típicos de Neuquén.
Una particularidad que siempre me llama la atención es esa cola que cumple doble función: le sirve para sostenerse de las ramas como si fuera una mano, y al mismo tiempo funciona como una especie de despensa biológica, porque ahí va guardando grasa para los momentos en que la comida escasea. Es un diseño ajustado al paisaje neuquino, donde los inviernos son largos y los veranos, secos.
Lo que conviene hacer, palabra por palabra
La Dirección Provincial de Fauna de Neuquén lo repite cada vez que puede, y el caso de Cutral Co vuelve a confirmarlo. La recomendación es siempre la misma y se resume en cuatro pasos. Primero, no manipular al animal, por más inofensivo que parezca. Segundo, no intentar retenerlo ni, mucho menos, criarlo como mascota. Tercero, dar aviso inmediato a la autoridad de fauna más cercana. Cuarto, dejar que los profesionales hagan su trabajo. Como dijo esa misma Dirección: 'La fauna silvestre no es mascota' y 'protegerla es tarea de todos'.
El contacto directo, aunque nazca del cariño, le hace mal al animal. Lo estresa, le transmite olores y enfermedades que nosotros cargamos sin saberlo y, lo que es peor, lo va acostumbrando a la presencia humana, lo que en la práctica le achica las chances de sobrevivir cuando vuelve al monte. Una comadreja que pierde el miedo termina siendo una comadreja expuesta a perros, gatos, autos y gente que no la ve con buenos ojos. Dejar que intervenga Guardafaunas es, sin vueltas, la mejor ayuda que un vecino puede darle.
Volví a la casa de Cutral Co un par de días después del rescate. La pila de leña seguía ahí, igual de ordenada, y el patio ya tenía otra vez su ritmo de siempre. Hilda, la dueña de casa, me atendió con el mate servido y me dijo algo que me quedó dando vueltas: 'Tengo sesenta y dos años y en toda mi vida vi pasar por este patio de todo, pero nunca pensé que teníamos una comadreja enana durmiendo con la leña. Ahora cada vez que traigo un tronco, miro dos veces'. Me miró y se rió con esa risa corta que tienen los que aprendieron algo nuevo sin que nadie los retara. Ahí entendí que, más allá del animalito que volvió a la estepa, lo que se había salvado era una forma de mirar el propio patio.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Interior Cordobés