Vuelve el dios de la destrucción y esta vez, se nota
Toei Animation relanza el primer arco de Dragon Ball Super con escenas rehechas, escenarios nuevos y menos relleno. La promesa: lo mismo, pero mejor. Spoiler: casi lo logra.
Aclaro de entrada que soy de las que crecieron leyendo el manga en fotocopias prestadas y viendo el anime en VHS truchos, así que cuando me dijeron que volvía Dragon Ball Super remasterizado se me ativó una parte del cerebro que tenía guardada desde 2015. La pregunta era inevitable: ¿remaster o remake? Y la respuesta, después de ver el material, es tan satisfactoria como incómoda. Están las dos cosas revueltas, y eso se nota.
Qué cambia (y qué no) en este regreso
La base argumental es la ya conocida: Goku vegetando en el campo tras derrotar a Majin Buu, con su hijo Goten colgado del cuello y la bronca íntima de no tener a quién pegarle en serio. En paralelo, Beerus, el Dios de la Destrucción, se despierta de una siesta de varios años con hambre y con la intuición de que existe un mortal capaz de darle pelea. El resto es historia, literalmente: la película La batalla de los dioses, que en su momento funcionó como prólogo y que acá vuelve contada con otros tiempos.
Toei tomó ese material y le metió mano. Lo más visible: secuencias enteras reanimadas, fondos redibujados y efectos que miran de reojo a la entrega de 2024. La producción recortó, además, las subtramas que estiraban la saga original más de la cuenta (sí, hablo de la excursión familiar de Vegeta que nunca nadie pidió). El ritmo, por fin, respira.
(Aclaración para los fans de la vieja escuela: no, no esperen escenas eliminadas del corte japonés. Esto es limpieza narrativa al estilo Dragon Ball Z Kai, no cacería de rarezas.)
Lo que funciona y lo que chirría
Quiero rescatar a alguien que no suele aparecer en estas notas: el equipo de fondo. Los ilustradores de scenery painting. Esta vez los escenarios están dibujados con un cuidado casi pictórico (la sala de Beerus, el planeta del Kaioshin, los cielos del Torneo) y se agradece porque en la versión original quedaba todo un poco desdibujado, como si le hubieran pasado un filtro de Instagram de 2012. Acá respiran.
¿Mi veredicto? Si sos de los que vieron La batalla de los gods en el cine y salieron conformes pero no fascinados, este relanzamiento es la versión que merecía esa historia. Corrige los dos males que arruinaron el debut original: el ritmo lento y la animación irregular. Si mantiene ese nivel en los arcos siguientes, vamos a estar frente a la forma definitiva de ver esta etapa de Goku. Y eso, viniendo de una serie que lleva cuarenta años reinventándose, no es poco decir.
Recomendación sin vueltas
Siéntense un sábado a la tarde, manden a los chicos a la plaza, preparen un mate fuerte y dense el gusto. Si ya conocen la historia, van a poder disfrutar la mejora sin spoiler emocional. Si nunca la vieron, mejor todavía: les llega limpia, ordenada y con una animación que, pese a sus parches, se banca el cartel de evento. Beerus ya está sirviendo. Sirvase usted también.
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