Silver Pines: cuando el pueblo de al lado se vuelve un infierno y vos sos elMemo que tiene que entrar igual
El nuevo juego indie mezcla terror, investigación y esa estructura metroidvania que ya sabemos cómo termina: dando vueltas por el mismo pasillo hasta que algo haga click. Te cuento qué promete y por qué vale la pena mirarlo de cerca.
A veces pienso que los diseñadores de videojuegos tienen una fijación poco sana con mandarnos a pueblos chicos a investigar cosas que claramente no van a terminar bien. Silver Pines no es la excepción: Red Walker, investigador privado con cara de no haber dormido bien en un mes, llega a una localidad oscura siguiendo el rastro de Eddie Velvet, un músico desaparecido que se aloja en el único hotel del pueblo. Spoiler: no hay buena señal.
Lo interesante acá es la mezcla. El juego se mueve en escenarios 2.5D de desplazamiento lateral, con esa estética que ya vimos en clásicos del género, pero le suma una estructura metroidvania de manual. O sea: no alcanza con caminar hacia la derecha. Hay que volver sobre los propios pasos cuando aparece una llave nueva, un código nuevo o una herramienta que antes no teníamos y que abre una puerta que miramos veinte veces.
Explorar es volver
Y acá está, para mí, la verdadera gracia del asunto. Silver Pines obliga a registrar cada obstáculo que no pudimos resolver. Esa puerta cerrada en la tienda de la calle principal. El túnel abandonado al fondo del mapa. La casa con la cerradura trabada en la esquina del pueblo. Todos quedan anotados en algún rincón de la cabeza del jugador, esperando el momento justo en que aparezca el objeto indicado.
Los recursos, por las dudas, no sobran. La munición hay que administrarla con cuidado, los suministros se gastan y el dinero que uno junta tiene un destino bastante específico: guardar partida y comprar provisiones en máquinas expendedoras que, oh sorpresa, a veces también venden llaves. Costo elevado, decisión inmediata: ¿abro ahora o guardo para después? Clásico.
El rescate de turno
Antes de cerrar, me parece justo mencionar a quien merece un minuto de en este proyecto. Se trata del equipo de desarrollo argentino que viene empujando el género con propuestas así, chicas en presupuesto, grandes en intención. No voy a poner nombres porque el material no los trae y la honestidad periodística es lo primero (después vemos). Lo que sí digo: cuando un estudio chico se anima a combinar survival horror, investigación noir y exploración metroidvania sin que se le caiga la fórmula, algo están haciendo bien.
Mi recomendación, sin vueltas: si te gusta el terror con cabeza, si bancás volver sobre tus pasos y si pensás que un pueblo chico con un músico desaparecido es exactamente el lugar donde vos también irías a meter la nariz, Silver Pines es para vos. Cuidá la munición, anotá cada puerta cerrada y, sobre todo, no confíes en nadie que tenga una sonrisa demasiado amable. El pueblo, ya te adelanto, no es lo que parece.
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