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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Resident Evil vuelve al cine con una historia original que respeta el manual del jugador

Zach Cregger, el director de Barbarian, se anima con la franquicia de Capcom y entrega una película que funciona como un nivel enorme: ametralladoras, linternas, puertas trabadas y criaturas que te tiran ácido a la cara.

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Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Resident Evil vuelve al cine con una historia original que respeta el manual del jugador

A esta altura, anunciar otro reboot de Resident Evil debería generar sospechas. Sin embargo, cuando el que se sienta en la silla del director es Zach Cregger, uno se permite bajar la guardia aunque sea un ratito. El responsable de Barbarian toma el universo de Capcom y arma una historia original, independiente de cualquier hilo argumental conocido, centrada en un personaje llamado Bryan que recorre Raccoon City de punta a punta. ¿La premisa? La de siempre: criaturas mutadas, municiones escasas y una farmacéutica llamada Umbrella que, otra vez, tiene la culpa de todo.

Un nivel enorme, ambientado en Raccoon City

La acción se mueve por calles nevadas, una alcantarilla, una granja y un hospital. Raccoon City, como siempre, ocupa el centro de la escena: ahí funciona el laboratorio desde donde se filtra el brote que arruina la vida de medio planeta. La ciudad es casi un personaje más, y se nota. Cregger aprovecha cada escenario para meter guiños a los videojuegos sin caer en el souvenir barato.

Dos caras conocidas para los argentinos acompañan el recorrido: Paul Walter Hauser y Zach Cherry, interpretando a dos científicos de Umbrella que intentan, muy tarde y muy mal, frenar el desastre que ellos mismos desataron. Si conocen algo de la saga, ya saben cómo termina esa clase de arrepentimiento corporativo.

El manual del jugador, traducido a celuloide

  • Puertas trabadas y cerraduras imposibles que condicionan el avance, igual que en los juegos.
  • Un arsenal que se arma de a poco: pistola, escopeta y un rifle de asalto, cada uno en su momento.
  • Cartuchos para la escopeta que aparecen en una granja, porque de nada sirve un arma sin munición.
  • Una linterna inseparable, útil en la nieve, las alcantarillas y las calles oscuras, aunque a veces delate la posición del protagonista.
  • Criaturas emblématiques: un perro con tentáculos en un granero, un bicho que vomita ácido en un ascensor y un monstruo hecho de cuerpos que crece incorporando restos.

Lo interesante es que Cregger no se limita a poner monstruos en fila. La iluminación cumple un rol propio: la linterna permite ver, pero también te expone. Esa lógica, la de que cada herramienta tiene un costo, es uno de los hallazgos del film.

Entre los artistas menos conocidos del reparto me llamó la atención un actor al que vale la pena seguirle el nombre. No voy a spoilearlo, pero cuando aparece en pantalla sostiene una escena clave del tramo final con una solvencia que sorprende. Es de esos hallazgos que Cregger suele regalarle a su elenco en papeles secundarios.

Para los fans de la saga, el dato histórico: la franquicia arrancó en 1996 con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión. La segunda entrega, de 1998, llevó a Claire Redfield y Leon Kennedy a Raccoon City. Cregger recoge ese universo sin encadenarse a él, y esa decisión, a mi entender, le da aire fresco a una serie que ya acumulaba demasiadas adaptaciones tibias.

Recomendación sin vueltas: si jugaron aunque sea un Resident Evil en la vida, van a reconocer cada situación y van a sonreír. Si nunca tocaron un joystick con un zombi en pantalla, también van a pasar un buen rato. Es cine de monstruos con reglas claras, y eso, hoy, es un regalo.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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