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SÁB, 17 OCT 2026
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Piñeiro rescata del exilio a un Puig que ya nos hablaba de hoy

La dramaturga adapta 'Maldición eterna a quien lea estas páginas', la novela que Manuel Puig escribió en Nueva York, y la sube a un escenario porteño con dirección de Marcelo Moncarz. Un cruce generacional entre un argentino amnésico y un joven neoyorquino, con Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi en escena.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Piñeiro rescata del exilio a un Puig que ya nos hablaba de hoy

A veces pasa que un libro te espera en una esquina y vos pasás de largo dos, tres, cuatro veces. A Claudia Piñeiro le pasó con Manuel Puig. No porque no lo leyera, sino porque hasta ahora no había encontrado la forma de devolverle al texto todo lo que le debía. Esa forma llegó, como suelen llegar las cosas importantes, por un camino lateral: un prólogo. Le tocó escribirlo para la reedición de la obra completa de Puig y, ahí, releyendo, se topó con 'Maldición eterna a quien lea estas páginas'. Y vio teatro. Teatro a montones. Teatro que la página escondía y que el escenario estaba pidiendo a gritos.

Una novela escrita en el exilio, que habla como si fuera de hoy

El libro nació en Nueva York, en el exilio de Puig. Un argentino amnésico y un joven neoyorquino se cruzan y, de la mano de un intercambio construido casi enteramente como diálogo, la novela pone sobre la mesa algo que Piñeiro juró haber escuchado con un parlante nuevo: la voz de una clase media argentina que ella describe como 'casi arqueológica' (sí, lo dijo así, y tiene razón). El mecanismo que usó Puig para atrapar esa voz fue tan viejo como eficaz: cartas, conversaciones, modos de hablar que no buscaban la perfección sino la fidelidad. Una fidelidad que, en tiempos de Inteligencia Artificial y de corrección automática, se ha vuelto un bien escaso.

“Me impresionó cómo le habla al presente el texto. Hay libros que salen antes de su tiempo y encuentran su momento mucho después.”Claudia Piñeiro

El personaje del hombre grande, áspero, a veces hiriente, ganó otra densidad en la escena. Es lo que tiene subir a un escenario lo que uno imaginó desde una butaca. Piñeiro se lo reconoce a Luis Campos, que es el actor que lo encarna: 'Todos somos claroscuros', dice ella sobre esa tensión entre la dureza y la ternura que la página no siempre garantiza y que el escenario hace inevitable. Completan el elenco Mateo Chiarino y Luz Miraldi, bajo la dirección de Marcelo Moncarz. El estreno fue el 23 de agosto.

Tres nombres para mirar de cerca

  • Marcelo Moncarz: la mano firme que sostiene la puesta, un director que sabe cuándo dejar respirar el texto y cuándo empujarlo.
  • Luz Miraldi: de los tres, el nombre menos conocido. Vale la pena seguirlo de cerca, porque las actrices que se animan a un personaje neoyorquino con esta partida suelen dar sorpresas.
  • Mateo Chiarino: sostiene el contrapunto generacional sin perder naturalidad, algo que en este tipo de piezas es más difícil de lo que parece.

Si me preguntan a mí, vayan. No porque la novela lo necesite (aguanta sola, y de hecho les recomiendo leerla antes o después de la función, que es otra forma de entrar y salir del teatro). Vayan porque Piñeiro encontró algo que muchos directores pasan por alto: que ciertos textos viejos se vuelven proféticos cuando el presente les da la espalda. Y porque, en una cartelera porteña saturada de reciclado, ver a Puig otra vez en escena, peleando con el idioma, con la memoria y con dos actores que se sacan chispas, es un pequeño acto de justicia.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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