Ocho mesas porteñas donde la historia se sirve con cuchillo y tenedor
Un recorrido por locales de Buenos Aires que mezclan atmósferas de época, cocina regional y platos de autor, desde el centro hasta Villa Crespo.
Hay ciudades que se dejan querer sin hacer esfuerzo, y Buenos Aires es una de ellas. La periodista Emma Bubola la describe como una ciudad que «conserva, de manera natural, un encanto de otros tiempos que se ha perdido en otras grandes ciudades del mundo». Con esa idea en la cabeza, armé el recorrido por ocho locales que mezclan historia y cocina.
Arranco en el centro, con Zum Edelweiss, un restaurante centenario que funciona como punto de encuentro después de las funciones del Teatro Colón. Ahí se pueden pedir ñoquis con goulash o bife a la Bismarck coronado con un huevo frito. El local ganó presencia internacional al aparecer en la película nominada al Oscar «Argentina, 1985».
Asado, bares notables y tango
En Recoleta, la Parrilla Peña es la referencia para el asado clásico. Siempre está concurrida y trabaja con cortes tradicionales. La recomendación es el ojo de bife, descripto como «tan tierno que se deshace en la boca».
En Palermo, el Varela Varelita es uno de los bares notables porteños. Conserva sus mesas de fórmica y sus ventiladores de techo. Bubola lo define como un espacio «sencillo y sin pretensiones», donde se respira un intenso ambiente de debate intelectual. La sugerencia es pedir cerveza o vermut con soda, acompañado de maní.
En Almagro, el Boliche de Roberto ofrece tango en vivo en un espacio pequeño, donde los músicos tocan a centímetros del público. El trago típico del lugar es el fernet con Coca-Cola.
Del MALBA a Villa Crespo
- Coronado, dentro del MALBA: cocina de raíz regional. Entre sus platos figura el mbejú, una tortilla crocante de almidón de mandioca, servida con huevo poché, espinaca fresca y panceta. También se destaca la palmerita azucarada.
- Chuí, en Villa Crespo: funciona en una antigua nave industrial reconvertida en jardín al aire libre. Su carta incluye queso llanero grillado con vinagre de frutas, polenta blanca y palta quemada.
- Café Cora, en la planta baja del edificio Kavanagh: recupera la estética Art Déco del rascacielos histórico, con barras de mármol y mobiliario de época.
El circuito cierra en el Acuario Bar, en Paraguay al 900, instalado en la planta baja de la Casa de Estudios para Artistas, un edificio de 1939. Tiene asientos tapizados en terciopelo celeste, ventanas onduladas y barra de acero inoxidable. Entre sus recomendaciones aparecen el vitel toné, la mousse de chocolate y los dirty martinis.
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