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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Mover el cuerpo para encender el deseo: lo que dice una fisio sobre ejercicio y vida sexual

Erika Lydon, especialista en suelo pélvico, explica cómo empezar de a poco, qué sumar y cuándo parar para que la actividad física no juegue en contra.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 3 min
Mover el cuerpo para encender el deseo: lo que dice una fisio sobre ejercicio y vida sexual

Me acuerdo de la primera vez que una paciente me preguntó si estaba cansada de caminar tanto. Le dije que no, y enseguida entendí que el cansancio no era físico sino de otra cosa. Esa charla terminó en una consulta sobre deseo, sobre entrenamiento y sobre por qué, a veces, mover el cuerpo demasiado puede apagar lo que el cuerpo debería encender. Por eso me pareció valioso charlar con Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, para entender de qué manera la actividad física puede ayudar a la vida sexual y en qué casos la empaña.

Empezar por algo que se pueda sostener

La propuesta de Lydon es bien concreta y nada heroica: caminar quince minutos y, desde ahí, aumentar de a poco. La idea es elegir algo que a uno le agrade, porque si la actividad resulta placentera y posible de mantener en el tiempo, se transforma en rutina. Y cuando se vuelve rutina, los beneficios empiezan a notarse en otros planos, incluido el sexual.

Como referencia general, la especialista toma la pauta que repiten las guías de salud para la mayoría de las personas: 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana, o 75 minutos de actividad intensa, más dos jornadas de fuerza. La cifra no apunta a la libido ni reemplaza un tratamiento por bajo deseo, sino a la salud integral. Cada cuerpo, además, carga con su propio estado emocional, y eso también pesa en el deseo.

Cuando el suelo pélvico pide atención

Antes de lanzarse a sumar ejercicios específicos, Lydon recomienda mirar las molestias. Si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, conviene consultar a un profesional de salud o a un colega especializado en suelo pélvico. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse, y a veces necesita exactamente lo contrario.

  • Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros.
  • Si los músculos del suelo pélvico quedan contraídos o les cuesta relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas.
  • Entrenar de más, sin alimentarse bien ni descansar lo suficiente, puede afectar el deseo.
  • Atender el dolor y las molestias antes de sumar rutinas es la base de un buen comienzo.

Por qué moverse puede sumar en la intimidad

Hay varios mecanismos que explican por qué el ejercicio puede colaborar con la vida sexual. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos, y facilita que llegue sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede contribuir a la excitación y a la función sexual femenina.

El descanso y el estrés también cuentan, y mucho. La tensión sostenida puede complicar el interés sexual, mientras que el ejercicio suele ayudar a levantar el ánimo y a relajarse. Lydon suma además al entrenamiento de fuerza como un aliado para procesos vinculados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.

Los resultados, eso sí, llegan a tiempos distintos. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede notarse antes que cualquier cambio en la libido. La recomendación final suena simple pero rara vez se cumple: empezar de a poco, sostener, alimentarse bien, descansar, y consultar ante cualquier duda. Lo que empieza como una caminata corta puede terminar encendiendo mucho más que las piernas.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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