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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Maternidad compartida: cómo funciona el método ROPA para parejas de mujeres

La técnica de reproducción asistida permite que una de las mujeres aporte los gametos y su pareja geste el embarazo. Una médica, una paciente y su pareja cuentan el recorrido médico y personal que las llevó a formar una familia con dos hijas.

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Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 3 min
Maternidad compartida: cómo funciona el método ROPA para parejas de mujeres

Aquella mañana en el consultorio de ginecología, en un edificio viejo del centro porteño, la médica les extendió un papel impreso con un acrónimo: ROPA. Pamela Visciarelli y Mariana Blanco se miraron sin entender de qué se trataba. Hacía tiempo venían intentando un embarazo con tratamientos que no habían funcionado, y la propuesta sonaba, de arranque, como un camino distinto. La palabra, escrita en el informe, reunía una posibilidad que hasta ese momento no habían escuchado nombrar: que las dos pudieran ser parte, con su propio cuerpo, de la llegada de un hijo. Aceptaron. Y ese paso, según contaron después, les cambió la vida.

Qué significa ROPA y en qué consiste el tratamiento

La sigla responde a Recepción de Ovocitos de la Pareja, una técnica de reproducción asistida que se realiza mediante fecundación in vitro y que está pensada, justamente, para que las dos integrantes de una pareja de mujeres puedan participar corporalmente del proceso. Lo explicó así Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva: una de las mujeres se somete a una estimulación ovárica para que le extraigan los óvulos; esos óvulos se fecundan en un laboratorio con semen de un donante, y el embrión resultante se transfiere al útero de la otra mujer, que atraviesa una preparación endometrial previa.

En criollo, lo que se hace es repartir el trabajo biológico entre dos personas que quieren ser madres. Una pone los óvulos y la otra lleva adelante el embarazo. Esa distribución, aclaró Pasqualini, no es automática ni sigue una regla fija. Se define caso por caso, en función del deseo de cada una y de lo que la evaluación clínica permita y vaya encontrando los obstáculos.

  • Edad y reserva ovárica de quien podría aportar los óvulos.
  • Estado de salud general, historia ginecológica y obstétrica y condiciones del útero de quien podría gestar.
  • Deseos de cada mujer respecto de cómo quiere vivir la maternidad, cuando ambas están en condiciones de asumir cualquiera de los roles.

La decisión de quién aporta y quién gesta

Pasqualini insistió en algo que parece obvio pero no lo es: la elección de los roles se conversa. No se impone, no la decide el laboratorio, no la define la edad de manera tajante. Si las dos están en condiciones de donar óvulos y de gestar, la charla es tan médica como personal. Hay parejas que quieren que las dos atraviesen un embarazo; otras eligen la distribución por motivos clínicos, y hay casos en los que la decisión se construye con el correr de los tratamientos.

“Algunas parejas eligen esta alternativa para participar las dos corporalmente del proceso reproductivo. En otras, la distribución de roles responde además a motivos médicos.”Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva

La experiencia de Pamela y Mariana

Cuando la médica que las atendía les planteó el método ROPA, la división de tareas ya estaba medio armada. Liliana Blanco, la ginecóloga, les propuso que Pamela aportara los óvulos y que Mariana fuera la gestante. Hasta ese momento, Mariana había encarado los tratamientos anteriores con sus propios óvulos, sin resultado. La idea, entonces, fue probar un camino inverso. La pareja también había charlado ese reparto por una razón sencilla: por la diferencia de edad entre las dos, querían que Mariana viviera antes el embarazo. Así fue como, con ROPA, nació Juana. Dos años más tarde, Pamela gestó a Eva. Según relataron, los dos embarazos se lograron en la primera transferencia de cada tratamiento.

El camino no terminó en el sanatorio. Pamela recordó que, mientras Mariana transitaba el primer embarazo, mucha gente no entendía qué lugar ocupaba ella en esa familia en formación. Decir que también era la mamá, explicó, se volvió parte de la vida cotidiana. Contarlo, repetirlo, bancarse la mirada extra del cajero del súper o de la pediatra. Para ella, la llegada de Juana significó algo que no se agota en la biología: reconocer su maternidad sin necesidad de haber gestado. Y volver a aquella sala de espera, años después, con las dos niñas corriendo por el pasillo, es hoy la mejor manera de entender por qué dijeron que sí a un papel impreso con una sigla.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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