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SÁB, 17 OCT 2026
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Julieta Prandi y Emanuel Ortega pasaron por el civil: 36 testigos, cero aspavientos y un traje blanco de seda que ella misma armó

La conductora y el músico sellaron su vínculo en el Registro Civil de San Isidro, con Palito Ortega y Evangelina Salazar como testigos principales. Prandi aclaró que el casamiento era un símbolo, no un cambio: ya convivían. Y reveló un detalle de outfit que dejó a más de una con la boca abierta.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Julieta Prandi y Emanuel Ortega pasaron por el civil: 36 testigos, cero aspavientos y un traje blanco de seda que ella misma armó

Casar a los 40 y tantos, en un Registro Civil, con los padres del novio como convidados estelares y un grupo tan chico que cabía en dos micros: Julieta Prandi y Emanuel Ortega eligieron el formato antievento. Cero alfombra roja, cero mega producción, cero despedida de soltera (textual de la novia, que aclaró que ni se le cruzó por la cabeza). La boda existió porque alguien tenía ganas de firmar un papel, no porque la pareja necesitara una excusa para festejar.

Una decisión simbólica, casi artesanal

Al salir del trámite, la conductora fue clara con la prensa: el matrimonio no modificaba su vida en lo más mínimo. Es más, lo definió como un gesto. "Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo", explicó, con ese tono de quien está tan segura de la pareja que el papel pasa a ser un sello emocional más que legal.

“Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme.”Julieta Prandi

Emanuel Ortega, en tanto, confirmó lo que muchos sospechaban: la propuesta salió de él. No hubo anillo de compromiso cinematográfico ni rodilla en el piso bajo la lluvia, pero la intención estuvo. El músico, además, agradeció el cariño recibido durante la jornada y se mostró cómodo en su nuevo rol de recién casado formal.

El guardarropas: seda blanca y pragmatismo masculino

El look de la novia merece un párrafo aparte, porque dice mucho del estado mental de la pareja. Prandi llevó un conjunto de seda blanco, con blazer amplio y top a juego, que ella misma armó. No contrató diseñador, aunque sí mandó a preparar el ramo y lució unos aros azules que le regaló una amiga. Detalle mínimo, elegido a conciencia: típico de alguien que sabe lo que quiere y no necesita que nadie se lo arme. Emanuel, fiel a su estilo, resolvió qué ponerse después de mirar el pronóstico del clima y revisar el placard. Pragmatismo puro.

Una historia que empezó en pandemia

El vínculo arrancó a mediados de 2020, cuando el mundo estaba encerrado y las parejas nacían por Instagram. Los primeros mensajes fueron por esa red, después llegaron las llamadas y finalmente el cara a cara, el 13 de agosto de ese año. De ahí en más, convivencia y familia ensamblada, el combo que hoy formalizaron con un civil.

Como siempre me pasa con estas bodas low profile, rescato a un actor secundario que merece su minuto de gloria: Evangelina Salazar, la madre del novio, presente en el Registro Civil y parte del selecto grupo de 36. En un país donde las suegras suelen ser villanas de reality, verla en primera fila, en silencio y sin declaraciones, es un acto de elegancia casi revolucionario.

La luna de miel quedó en suspenso: ni destino ni fecha confirmados. Para los fans de Prandi, quedará el consuelo de que la pareja eligió sellar su historia a la antigua, sin influencer de turno ni marca de champán patrocinando. Y para los descreídos del amor, la confirmación de que todavía existen ceremonias íntimas, chicas, casi hogareñas. Mi recomendación: mirar las fotos que circulan en redes con paciencia de arqueóloga. Algunas prendas y gestos dicen más que cualquier comunicado.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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