Hayato Date le dijo que no al mundo entero y por eso Naruto sigue siendo Naruto
El director del anime reveló que desde el día uno lo presionaron para amansar la serie de cara al público extranjero. Optó por lo contrario: hacer la serie que funcionara en Japón y aguantarse los reproches. Una decisión que hoy, con la película en acción real en camino, vuelve a quedar bajo la lupa.
Acá va un reconocimiento al mérito: cuando todos a tu alrededor te piden que ablandes tu propia creación para vender mejor afuera, lo más fácil es obedecer. Lo más cobarde también. Hayato Date, director del anime de Naruto, eligió el camino opuesto y encima lo cuenta sin pedir disculpas. (Algo que, en esta industria, es casi un acto de rebeldía.)
En una charla en Anime India, Date fue al hueso: "Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón". O sea, la orden tácita de siempre: homogeneizá, censurá lo justo, metele la moralequita para que no se ofenda nadie en California. Él decidió no jugar ese partido.
La regla de oro del equipo: si no funciona en Tokio, no funciona
La metodología fue simple y, por eso mismo, brillante. Antes de cada decisión se hacían una sola pregunta: qué necesita esta serie para funcionar en Japón. Lo que pasara en el resto del mapa quedaba en segundo plano. Una forma de pensar que, en retrospectiva, suena obvia pero que en aquel entonces era casi herejía industrial, porque la tentación de mirar de reojo al mercado estadounidense era enorme, sobre todo después de que el manga de Masashi Kishimoto explotara en preventas a nivel global.
“Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera.”Hayato Date, director del anime de Naruto
Los kunai no se tocan, aunque se queje quien se queje
La decisión tuvo costos concretos y asumidos. Del otro lado del Pacífico llovieron quejas por el uso de kunai y otras armas de filo en las peleas. Es el tipo de planteo que en cualquier mesa chica de marketing se transforma en tijera. Date lo cuenta como quien describe algo que ni siquiera merece debate: "Si quitas los kunai, ya no es Naruto". Punto. Fin de la discusión. (Y una lección de coherencia que varias producciones occidentales deberían anotar.)
- Mantener la identidad del material por encima del rédito inmediato en otros mercados.
- Aceptar quejas externas como un costo asumido del proyecto, no como una guía de trabajo.
- Construir la serie pensando primero en la audiencia japonesa y dejar que el resto del mundo se sume como pueda.
- Resistir la tentación de diluir la violencia simbólica del ninja para no incomodar a la platea norteamericana.
Una película en acción real como examen pendiente
El desenlace de esa filosofía ya lo conocemos: Naruto se convirtió en uno de los animes más vistos de las últimas décadas, codo a codo con Dragon Ball y One Piece, sin necesidad de pedirle permiso a nadie. Pero ahora hay una película en acción real en desarrollo, dirigida por Déestin Daniel Cretton, y la pregunta incómoda vuelve a la mesa. ¿Se mantiene la esencia kunai en mano y todo, o se la empaca para que no se asuste el inversor de turno? Date construyó la serie desde la autenticidad del papel de Kishimoto. El equipo que viene tendrá que decidir si honra esa idea o la descarta por la ecuación económica.
Mi recomendación, corta y sin vueltas: si te interesa el detrás de escena del anime y querés entender por qué ciertas decisiones estéticas y culturales pesan tanto, buscá la entrevista original de Date en Anime India. Y si te copa el cruce entre Japón y Hollywood, no te pierdas el archivo sobre cómo se gestaron los live action de Dragon Ball y One Piece: ahí vas a encontrar el espejo inverso de esta historia.
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