El tipo que les enseñó a los Muppets a tener alma (y de paso cambió la tele para siempre)
Jim Henson murió a los 53 y dejó un universo que todavía funciona. Un repaso por la filosofía de un titiritero que se tomó en serio lo absurdo.
Empezó como titiritero a los 17, en un programa que levantaron a las tres semanas. Tres semanas. Si hoy un pibe de esa edad fracasa así, lo lloramos en Twitter y le armamos un hilo de superación. Jim Henson, en cambio, tomó nota y siguió. Con Jane Nebel —su futura esposa— construyó Sam and Friends, el proto-Muppet que ya mostraba la vena: humor raro, personajes con personalidad y cero solemnidad.
Lo que vino después fue una fábrica de mundos. Los Muppets, Barrio Sésamo, Fraggle Rock y una cantidad de producciones que mezclaban marionetas, ternura y un delirio muy particular. Henson no respetó las reglas del teatro de títeres: rompió el espacio, deformó las formas y armó un lenguaje propio. Cuando lo ves en perspectiva, parece fácil. No lo era.
La lógica del disparate
“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.”Jim Henson
Esa era la clave. No se trataba de tirar cualquier locura a la pantalla y esperar que los chicos se rían. Había un método: los personajes más interesantes tenían una fijación, un rasgo que se podía exagerar. En la exageración aparecía lo cómico y, de paso, el espectador se veía reflejado. La risa no era el objetivo final: era una herramienta para ordenar el mundo. Así funcionaban Gustavo, la rana con su ego de estrella de rock, o la Cerdita Peggy con su estoicismo a contramano. Tipos que parecían dibujados con tres líneas y, sin embargo, tenían más espesor emocional que varios personajes de carne y hueso de la tele de los 80.
Henson murió en mayo de 1990, a los 53, por un choque tóxico derivado de una infección bacteriana. Se fue en pleno laburo, con proyectos abiertos y un universo que Disney terminaría comprando décadas después. Pero lo que queda flotando es otra cosa: su principio central era casi una declaración de principios personal. Nunca dejar morir al niño interior. La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro, decía. Suena a frase de taza de café, pero si mirás su obra está todo ahí: la curiosidad intacta, la voluntad de jugar sin pedir permiso y la convicción de que lo infantil no es opuesto a lo profundo, sino su puerta de entrada.
- Si nunca viste Fraggle Rock, empezá por ahí: es su experimento más libre y el que mejor sostiene el paso del tiempo.
- Buscá los especiales de los Muppets de los 70 y 80 antes que cualquier reboot reciente: se nota la mano del maestro.
- Para los más grandes, el documental Jim Henson: Idea Man (Disney Plus, 2024) repasa su trayectoria sin golpes bajos.
La pregunta que queda dando vueltas no es menor: ¿sigue siendo viable esa combinación de absurdo y ternura en la tele de hoy, o el formato Henson ya no tiene quién lo herede? Yo tengo mi opinión, pero se la dejo a ustedes. Mientras tanto, recomiendo una revisada: hay un montón de material esperando, y la mayoría se banca perfecto más de tres semanas en pantalla.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo
Interior Cordobés