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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Hot Wheels Infinite Rush: el autito de la infancia se manda al mundo abierto (y se banca la prueba)

Milestone estrenó un juego sin campaña, con cuatro islas, más de 150 autos y una premisa simple: correr por el puro placer de romper todo a escala. Una propuesta con luces y sombras que, aun con sus bemoles, sabe a quién hablarle.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Hot Wheels Infinite Rush: el autito de la infancia se manda al mundo abierto (y se banca la prueba)

Hay algo decididamente delirante en ver un Hot Wheels cruzando una bahía entera mientras un pulpo gigante lo mira desde atrás. Y sin embargo, eso es exactamente lo que propone Milestone con Hot Wheels Infinite Rush, el juego que toma la lógica del autito de colección, la estira hasta el infinito y la tira sobre un mapa de mundo abierto. Cuatro islas temáticas, cero historias que te cuenten por qué estás corriendo. El lugar lo explica todo (o casi todo).

Cuatro islas para romper a gusto

El juego se despide de las pistas cerradas de las entregas anteriores y arma cuatro zonas bien diferenciadas. Wheelswood es puro asfalto urbano, con rascacielos y tránsito para quienes quieran sentirse Michael Mann en una maqueta. Tentacle Bay mezcla costa, acantilados y selvas con ese nombre imposible que ya te avisa que la cosa va en serio. Gearville junta naves industriales y dunas de desierto, ideal para los que gustan del polvo y el óxido. Y Drifty Temples es la zona de inspiración oriental con pasos de montaña donde el derrape deja de ser un recurso y se vuelve una necesidad. Todo se conecta sin cortes, todo es destruible (árboles, luminarias, autos civiles), lo que refuerza la fantasía de manejar una pieza de colección en una mesita de living virtual.

Eso sí: no hay campaña. No hay personaje con trauma, ni villano con sombrero, ni revelación sobre el padre del protagonista. La propuesta es explorar y acelerar. En las primeras horas funciona, porque el vértigo y la destrucción mandan. Después de un rato, uno empieza a notar que el juego no te lleva a ningún lado concreto y decide tomar el volante a la inversa: manejás vos, no la historia.

Cuatro formas distintas de pisar el acelerador

  • Bólidos: velocidad pura. Recargan turbo con aceleración sostenida, pensados para los que no doblan nunca.
  • Derrapadores: nitro a cambio de curvas en sideways. Cada giro es una recarga.
  • Equilibrados: la categoría más permisiva. Cualquier maniobra suma energía.
  • Titanes: los todoterreno. Turbo con recarga automática y suspensión apta para cualquier irregularidad.

El lado coleccionista

Para los obsesivos de la marca, el catálogo supera los 150 vehículos: prototipos de la propia Hot Wheels y licencias de fabricantes reales, con fichas históricas de cada modelo y un editor de pintura, rines e interiores que puede ocupar más horas que el juego mismo. Lo que termina redondeando la experiencia es el multijugador: competitivo con ranking, cooperativo, casual, y hasta un editor de pistas propias. La vida útil del título, dicho en criollo, se estira mucho más de lo que parece a primera vista.

Técnica, con sus dientes

En lo técnico, el juego se banca 60 cuadros por segundo estables, que en un arcade de velocidad no es un detalle menor: es lo que sostiene la ilusión. Las texturas del entorno cargan con algo de retraso y los tiempos de espera al reaparecer después de un evento rondan el minuto, lo cual molesta más de lo que debería. El sonido, en cambio, es de lo mejor: el impacto metálico al chocar contra un poste o el chillido de un derrape bien logrado están muy por encima del promedio del género. Hay una satisfacción rara en escuchar el repiqueteo del autito cuando se golpea. A confesión de parte, relevo de pruebas.

El artista poco conocido

Y ya que estamos en Cultura y espectáculos, vale la pena detenerse en una figura que el material apenas menciona: Milestone, el estudio italiano desarrollador, lleva años laburando en el nicho de los juegos de licencia vehicular (MX vs ATV, Ride, Monster Energy Supercross). No es un nombre que venda tapas de revista, pero es de esos equipos que sostienen un género entero a fuerza de oficio. En un mercado dominado por las superproducciones, ver a un estudio de este tamaño bancar una apuesta tan específica como un Hot Wheels de mundo abierto tiene mérito. No es poca cosa. No es glamoroso, pero es honesto.

Mi recomendación, sin rodeos: si te criaste armando circuitos en una tabla de madera y hoy bancás la idea de un arcade sin demasiadas pretensiones narrativas, este juego te va a sacar la sonrisa boba más de una vez. Si buscás una historia con peso o un simulador con la rigidez de un Forza, no es tu lugar. Para los fans de la marca y para cualquier adulto con espíritu de niño de 8 años, Hot Wheels Infinite Rush es una muy buena manera de gastar una tarde larga. Rompete una farola en mi nombre.

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Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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