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LUN, 19 OCT 2026
Economía

El termómetro del IVA muestra ventas en baja real y un sistema financiero con más empresas bajo presión

La recaudación del impuesto al valor agregado ratifica que el comercio minorista sigue perdiendo terreno frente a la inflación. El encarecimiento del crédito y el salto de la morosidad empresarial completan un cuadro que también golpea a las familias.

EO
Esteban ObertoEconomía regional y pymes · · lectura 3 min
El termómetro del IVA muestra ventas en baja real y un sistema financiero con más empresas bajo presión

Vamos a los números. La recaudación del IVA, ese impuesto que se cobra en cada operación de venta y que suele tomarse como termómetro casi inmediato del consumo, volvió a mostrar en términos reales una caída del comercio minorista respecto del mes inmediato anterior y del mismo período del año anterior. El fenómeno no es nuevo, pero se prolonga en el tiempo y se combina con otros dos factores que estrechan el margen de maniobra de hogares y compañías: tasas de interés reales positivas y una cantidad creciente de firmas clasificadas en situación irregular dentro del sistema bancario.

Por qué las familias gastan menos en la práctica cotidiana

El desgranado del cuadro revela un mecanismo relativamente simple. Por un lado, los ingresos disponibles no terminaron de recomponerse al ritmo que acumularon los precios, de modo que cada compra exige un esfuerzo mayor en términos de poder adquisitivo. Por otro lado, cuando el consumo se financia con tarjeta, con un préstamo personal o con un plan de cuotas, el costo financiero se encareció porque las tasas reales se mantuvieron en terreno positivo frente a la inflación esperada. La consecuencia observable, que el material de base confirma con datos de ventas minoristas, es una postergación de decisiones que van desde la renovación de un electrodoméstico hasta la adquisición de un vehículo usado, dos puntas clásicas del consumo durable en los hogares argentinos.

  • Ingresos que no terminaron de ganarle a la inflación acumulada.
  • Tasas de interés reales positivas sobre tarjetas, préstamos personales y financiamiento en cuotas.
  • Mayor selectividad en bienes durables como electrodomésticos y autos usados.
  • Mayor costo financiero también para las empresas, que postergan inversiones.

Empresas bajo presión: la lectura del sistema financiero

El impacto, sin embargo, no se limita al bolsillo de los hogares. La misma dinámica llega a las empresas, que enfrentan ventas más flojas y un crédito más caro al mismo tiempo. La cantidad de compañías clasificadas en situación diferente a la normal dentro del sistema financiero ascendió a 58.982, lo que representa un incremento del 53% en la comparación interanual. En paralelo, la morosidad trepa y se postergan inversiones que, en otras circunstancias, podrían motorizar empleo y nivel de actividad. Esa lectura, que combina datos de irregularidad bancaria y de costo de financiamiento, permite dimensionar con mayor precisión la profundidad del cuadro.

Dólar barato y presión sobre la industria regional

Existe, además, un costado vinculado al tipo de cambio que no puede dejarse de lado. El dólar relativamente barato abarató los precios de ciertos bienes importados y abarató el turismo al exterior para quienes perciben sus ingresos en pesos, pero al mismo tiempo comprimió la competitividad de sectores industriales y regionales que compiten de manera directa con productos del exterior. La tensión entre un tipo de cambio bajo y la necesidad de defender actividades productivas es otro de los ingredientes del escenario actual y ayuda a explicar la heterogeneidad de la presión que soportan distintas ramas de la economía.

Un indicador adicional que vale la pena repasar surge al comparar la demanda privada de divisas con el saldo de la balanza comercial en los últimos dieciocho meses. En ese período, las personas compraron dólares por alrededor de 36.500 millones de dólares, mientras que el saldo comercial del mismo lapso alcanzó aproximadamente 29.132 millones de dólares. La diferencia, que el material de base presenta como dato consolidado, muestra que la demanda privada de moneda extranjera superó lo que generó el intercambio comercial, una fotografía que conviene tener presente cuando se debate hasta dónde puede llegar la presión sobre el bolsillo antes de encontrar un piso.

La combinación de consumo deprimido, crédito más caro y mayor morosidad empresarial configura, en definitiva, un escenario en el que los costos del ajuste se perciben con nitidez en el día a día de las familias y de las firmas. La pregunta que queda picando, a la espera de los próximos datos de recaudación y de los reportes de irregularidad bancaria, es cuánto tiempo más puede sostenerse esta presión sobre los ingresos antes de que el consumo encuentre un piso y empiece a repuntar. ¿Llegará ese piso antes de que la morosidad empresarial condicione de manera más aguda la dinámica del crédito?

EO
Esteban ObertoEconomía regional y pymes

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