El peso de la deuda más chica: casi cuatro de cada diez mujeres jóvenes del país no pueden pagar lo que deben
Un informe del Centro de Estudios de la Ciudad muestra que las mujeres de hasta 25 años concentran la mayor tasa de morosidad del sistema financiero argentino, con 38,25% a julio de 2025, más del doble del promedio general. La deuda promedio del segmento en mora ronda los $987.660, pero en algunos partidos del conurbano bonaerense trepa hasta $3.380.000.
A julio de 2025, el 38,25% de las mujeres de hasta 25 años con deudas activas en el sistema financiero argentino registraba atrasos en sus pagos. Se trata de la tasa de morosidad más alta del país, más del doble del promedio general de 17,94%, según el Mapa de la Deuda elaborado por el Centro de Estudios de la Ciudad. El dato, que surge de un universo de 784.172 mujeres jóvenes con créditos vigentes, ubica a este segmento como el punto más crítico de un mapa de incumplimiento que muestra fuertes disparidades geográficas y etarias.
Vamos a los números: de las 784.172 mujeres de hasta 25 años con deudas activas, 311.087 se encuentran en mora. La deuda promedio del total del grupo es de $1.020.000, mientras que entre quienes están en mora ese monto baja a $987.660, lo que indica que las deudas más chicas son también las más difíciles de sostener. La comparación con el mes anterior no es posible porque el relevamiento no difunde la serie mensual, pero frente al año anterior el segmento registra un deterioro pronunciado: según informes previos del mismo centro de estudios, la tasa de morosidad de las mujeres jóvenes había cerrado 2024 en torno al 32%, lo que implica un salto de más de seis puntos en siete meses.
Provincias y municipios: la geografía del incumplimiento
- San Luis lidera el ranking nacional con una morosidad del 46,35% en este segmento, seguida por Chaco (43,73%) y Catamarca (42,83%).
- San Juan (42,29%), La Rioja y Corrientes (41,94% cada una), Santa Cruz (41,67%), la provincia de Buenos Aires (40,47%) y Chubut (39,95%) también superan la media nacional del 38,25%.
- En el extremo opuesto se ubican Neuquén (30,03%) y La Pampa (31,65%), las únicas dos jurisdicciones por debajo del 35%.
- Dentro del territorio bonaerense, el partido de Pila registra la tasa más alta del país, con 65,18%, seguido por General Lavalle (63,53%) y Castelli (62,06%).
Los casos de Pila, General Lavalle y Castelli corresponden a municipios pequeños, donde unos pocos casos bastan para distorsionar los porcentajes. Sin embargo, los montos en juego resultan llamativos: en Pila, la deuda promedio del segmento alcanza $1.750.000, casi el doble del promedio nacional del grupo, y en Castelli trepa hasta $3.380.000, lo que configura el monto más alto relevado en todo el territorio bonaerense para mujeres de hasta 25 años en situación de mora.
En términos agregados, la deuda en mora de las 311.087 mujeres de este grupo suma 307.248 millones de pesos, una cifra que representa apenas el 1,78% de la mora total del sistema financiero argentino, que en julio se ubicó en 17,23 billones de pesos. La relación entre ambos números describe un fenómeno de alta incidencia relativa pero bajo peso absoluto: el segmento concentra el peor comportamiento de pago del país, aunque su volumen es marginal dentro del stock total de deudas impagas.
El cuadro se completa con el comportamiento de los varones de la misma franja etaria, cuya tasa de morosidad llega al 37,1%, apenas un punto por debajo de la registrada entre las mujeres. En ambos casos, los porcentajes caen de manera significativa a partir de los 26 años: el promedio nacional para el conjunto de los adultos jóvenes muestra tasas inferiores al 25%, lo que confirma que la condición de "menor de 25" opera como un factor crítico de riesgo crediticio, con independencia del género, aunque con un sesgo femenino levemente más marcado.
El fenómeno que describe el informe no responde a una sola causa. La concentración de la morosidad en el segmento de mayor informalidad laboral, la ausencia de historial crediticio previo y el peso de las primeras experiencias de consumo financiero sobre ingresos todavía inestables configuran un escenario en el que la deuda más pequeña termina siendo la más costosa de mantener. Resta saber si el sistema financiero argentino logrará, en los próximos meses, diferenciar con mayor precisión entre la falta de voluntad de pago y la falta de capacidad genuina de un universo de deudoras que, por su edad y por su monto adeudado, parece estar pagando los platos rotos de una inclusión crediticia que llegó antes de tiempo.
¿Podrá el sistema financiero acompañar a un segmento que, por sus ingresos volátiles y su escaso historial, queda atrapado en la zona más sensible del incumplimiento, o seguirá concentrando la mora allí donde la deuda es chica pero el bolsillo es más chico todavía?
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