Cuidar a un familiar en la Argentina: el peso recae sobre los hombros de casi seis de cada diez mujeres
Una encuesta de la Universidad Austral midió por primera vez el impacto del cuidado principal sobre el descanso, los proyectos personales y el empleo. El 40,8% de los responsables registró sobrecarga intensa y los números golpean con más fuerza a las cuidadoras, que además acceden menos a licencias laborales.
Me lo contaba Adriana, 52 años, mientras acomodaba la mesa del comedor en su casa de Lanús y de reojo controlaba que su madre, sentada en el sillón del living, no se levantara sola. "Yo duermo a las tres de la mañana y a las seis ya estoy parada. Si me duermo, se cae", me dijo, con esa mezcla de firmeza y agotamiento que se repite en casi todos los testimonios que recogí en estos meses recorriendo barrios del conurbano bonaerense. Esa escena, que se repite en miles de hogares argentinos, es la que puso números y porcentajes la Universidad Austral en un relevamiento inédito sobre los cuidados familiares en el país, realizado por internet entre octubre de 2025 y abril de 2026, y cuyos resultados me toca ahora contar desde la sección Sociedad y pueblos de este portal.
Quiénes cuidan y cuánto les cuesta
Del total de 1.028 personas mayores de 18 años que respondieron la encuesta en todo el país, el 20,4% reconoció que cuidaba a un familiar. Dentro de ese universo, las mujeres aparecen como las principales responsables: el 60,6% asumió el rol de cuidadora principal, mientras que entre los varones esa cifra bajó al 44,4%. La diferencia, que parece técnica, se traduce en horas de sueño perdidas, en proyectos postergados y en facturas que no se pueden pagar a fin de mes.
- 54% de las mujeres cuidadoras dijo que la responsabilidad le impedía descansar lo suficiente, contra el 30% de los varones.
- 44% de las cuidadoras señaló que el cuidado limitaba sus proyectos personales, frente a apenas el 10% de los cuidadores hombres.
- 75% de quienes cuidaban también trabajaba de manera remunerada, en una rutina que pocas veces tiene horario.
- Acceso promedio a licencias y prestaciones: 53,7% en trabajadores formales, 17,1% en informales y 9,5% en independientes.
La escala de Zarit como termómetro
Para dimensionar el desgaste, los investigadores de la Austral evaluaron a 120 cuidadores principales con la escala de Zarit, un cuestionario validado internacionalmente que mide sobrecarga a través de 22 ítems. El resultado fue contundente: seis de cada diez presentaban algún grado de sobrecarga y el 40,8% alcanzó el nivel considerado intenso, un umbral que el propio informe definió como aquel que requiere intervención profesional. En otras palabras, cuatro de cada diez personas que en la Argentina hoy cargan con el cuidado principal de un familiar están en un punto de quiebre que no se resuelve con buena voluntad ni con frases hechas.
“Importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia. Recibir ayuda no garantiza que el peso se distribuya; lo que marca la diferencia es que esa ayuda contenga lo afectivo, lo informativo y lo operativo.”Informe Universidad Austral
Eso dijo el trabajo al comparar la sobrecarga entre quienes declaraban recibir apoyo y quienes no. La proporción de sobrecarga intensa fue del 40% en ambos grupos, lo que obligó a los autores a mirar más fino: no alcanza con que aparezca un familiar, una vecina o una hermana los domingos. Lo que alivia, según detallaron, es un acompañamiento que cubra las tres dimensiones: la afectiva, la que escucha y contiene; la informativa, la que orienta sobre trámites, médicos y derechos; y la operativa, la que se sienta a la mesa y hace.
Licencias que no alcanzan y un costado luminoso
El relevamiento también desnudó la brecha en el acceso a derechos laborales. Entre los trabajadores formales, el promedio de acceso a licencias por maternidad, paternidad, enfermedad familiar, eventos familiares y guardería alcanzó el 53,7%. Entre los informales bajó al 17,1% y entre los independientes, al 9,5%. Es decir, cuanto más precario el vínculo laboral, menos herramientas para compatibilizar el cuidado con el trabajo, y por lo tanto más chances de que el peso caiga sobre la misma espalda, casi siempre la de una mujer. Aun en ese cuadro, la encuesta dejó lugar para una luz: el 95,7% de los cuidadores reconoció al menos un aspecto gratificante de su tarea, con el afecto recíproco, los momentos compartidos y los cambios alcanzados por la persona cuidada como los más mencionados. La investigadora a cargo me resumió el hallazgo en una frase que me quedó dando vueltas: "Cuidar puede ser profundamente satisfactorio y profundamente agotador al mismo tiempo, y no hay que pedirle a la gente que elija cuál de las dos cosas siente". Volví a Lanús con esa idea en la cabeza. Adriana seguía en el living, ahora sirviéndole el té a su madre con la misma paciencia con la que me había atendido. No le pregunté cuánto dormía. Ya lo sabía.
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