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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el cuerpo se queda sin reservas: lo que pasa cuando la grasa corporal cae demasiado

Expertos en fisiología y metabolismo advierten que reducir al mínimo la grasa puede alterar hormonas, comprometer los músculos y debilitar los huesos, incluso en personas que entrenan. No existe un porcentaje único válido para todos: la edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo cambian la lectura.

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Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
Cuando el cuerpo se queda sin reservas: lo que pasa cuando la grasa corporal cae demasiado

El tema aparece cada vez más seguido en los consultorios y en las redes: gente que entrena con disciplina y termina obsesionándose con un número en la balanza. Pero ese número, el porcentaje de grasa corporal, no lo cuenta todo. Si bien es cierto que el tejido adiposo cumple un papel central en el organismo, también lo es que llevarlo a niveles demasiado bajos puede salir caro: los músculos pierden volumen, las hormonas se desestabilizan y hasta la estructura del cuerpo se resiente. La advertencia llega de la mano de investigadoras e investigadores que trabajan con deportistas de elite y con pacientes que, sin buscarlo, caen en restricciones calóricas prolongadas.

Por qué no alcanza con mirar un solo número

El porcentaje de grasa corporal, leído de manera aislada, dice menos de lo que parece. La edad, el sexo y, sobre todo, la distribución del tejido adiposo modifican cualquier evaluación. Una persona puede tener un número aceptable en la balanza y, aun así, acumular una capa importante de grasa alrededor de los órganos, que es justamente la más asociada a problemas metabólicos. Y a la inversa: hay cuerpos delgados que esconden reservas escasas y músculos comprometidos. Por eso, antes de hablar de "definición" o de "cuerpo fitness", conviene preguntarse qué se está midiendo y con qué herramienta.

Las mediciones no son todas iguales

  • La balanza de bioimpedancia, que muchas personas tienen en su casa, puede arrojar resultados muy distintos según el nivel de hidratación del momento: un vaso de agua de más o de menos cambia la lectura.
  • Los pliegues cutáneos, que toman los entrenadores con un calibre, miden la grasa subcutánea pero no permiten conocer la que se deposita en el abdomen profundo, alrededor de los órganos.
  • La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, y es la más precisa, aunque necesita equipamiento especializado y suele ser costosa.

En un estudio con más de setecientos deportistas que utilizó justamente la densitometría DEXA, la investigadora Tamara Hew-Butler, de la Universidad Estatal de Wayne, registró valores mínimos del 10% en hombres y del 16% en mujeres. Esos números quedan lejos del 1% o 2% que suele mencionarse cuando se habla de definición muscular, y muestran que los cuerpos entrenados, aun en el límite, conservan una reserva que cumple funciones clave.

“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan

El cuadro se completa con lo que sucede en el sistema hormonal. En hombres que sostienen una alimentación insuficiente, la testosterona puede caer, y con ella la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, suma un punto crítico: disponer de pocas reservas también dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves.

La explicación pasa por las tareas que cumple el tejido adiposo. Además de guardar combustible para los momentos de escasez, produce leptin, que es justamente la hormona que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae porque las reservas están en el piso, el organismo empieza a relegar funciones para ahorrar recursos: deja de lado la reparación ósea, limita la reproducción y prioriza la supervivencia. No es una decisión del cuerpo de "defenderse" en un sentido simbólico, sino una respuesta fisiológica concreta, medible, que se repite en los laboratorios.

El exceso también importa, y mucho

Bajar la grasa a cualquier costo no es la solución, porque el otro extremo también trae problemas. Cuando el tejido adiposo se acumula alrededor de los órganos, la grasa visceral favorece la liberación de sustancias inflamatorias que, con el tiempo, deterioran la función hepática, elevan la insulina y abren la puerta a enfermedades crónicas. La clave, coinciden las especialistas consultadas, no está en un dígito en particular sino en mantener un rango razonable para la edad, el sexo y la historia clínica de cada uno, con controles médicos de por medio y sin caer en la fascinación por los números extremos.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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