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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Dos esquiadores salvaron su vida por muy poco en el filo de Chapelco

Una avalancha de nieve se desprendió en la zona no habilitada del Cerro Chapelco y arrastró su masa blanca a metros de dos personas que bajaban en zigzag. El complejo activó el protocolo y pidió no salir de las pistas señalizadas, en una temporada que se extiende hasta el 30 de septiembre.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
Dos esquiadores salvaron su vida por muy poco en el filo de Chapelco

Lo vi de nuevo en el video y se me erizó la piel. Eran las imágenes que habían grabado unos caminantes desde la base del Cerro Chapelco, esa tarde del jueves en la que una lengua espesa de nieve empezó a correrse lenta, como si el filo entero se desperezara, y de golpe aceleró ladera abajo envuelta en polvo blanco. A casi mil novecientos ochenta metros de altura, el sonido era seco y lejano, y abajo, casi como hormigas vistas desde un dron, dos esquiadores trazaban su descenso en zigzag justo donde la nieve iba a pasar segundos después. Por un puñado de metros no se los llevó puestos.

La escena se repite en mi cabeza cada vez que me toca contar una nota así: la montaña trabajando a su ritmo, la gente tratando de hacer su propia trampa contra reloj, y un final que por suerte terminó con los dos esquiadores a salvo, sin un rasguño. Eso es lo que confirma el parte que dio a conocer el equipo del centro de esquí Chapelco, en San Martín de los Andes: el desprendimiento se originó en la parte posterior del filo del cerro, en un sector que no integra el dominio esquiable habilitado y por el que, sin embargo, estas dos personas estaban deslizándose cuando la nieve se decidió a moverse.

Un protocolo que se activa al instante

Cuando se detectó el avance de la avalancha, el complejo no se quedó esperando a ver qué pasaba. Se puso en marcha el protocolo de seguridad previsto para estos casos: se acordonó la zona, se impidió el paso a cualquier persona que quisiera acercarse y se empezó a evaluar la estabilidad de la ladera con personal especializado. La decisión no fue menor, porque después de un desprendimiento siempre existe el riesgo de que la nieve mal asentada vuelva a correrse, sobre todo si en las horas siguientes cambia la temperatura o se acumula más precipitación. Chapelco insistió en que no hubo heridos, y así quedó plasmado en el parte oficial que se difundió esa misma noche.

Las autoridades del centro de recordaron algo que parece obvio pero que en la práctica mucha gente olvida: el filo es uno de los puntos más altos del cerro, no está señalizado y no está habilitado para esquiar. La recomendación, una y otra vez, fue la misma que repiten los guardaparques y los instructores de las escuelas de la montaña: quedarse dentro de las pistas marcadas, respetar las indicaciones de los banderilleros y, ante la duda, quedarse quieto. Es más fácil decirlo que hacerlo, claro, sobre todo cuando uno se deja tentar por la nieve polvo que brilla del otro lado del alambrado.

Por qué se mueve una ladera

Para que se entienda sin tecnicismos: una avalancha ocurre cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente y empieza a deslizarse. Lo que parece un simple manto blanco es, en realidad, un queso crema de capas superpuestas durante días y semanas. Si esas capas se pegan mal entre sí, si la temperatura las ablanda o las endurece de golpe, si el viento las redistribuye dejando placas más densas en un sector y más flojas en otro, el conjunto deja de sostenerse y se viene abajo.

Después de las nevadas intensas, el viento se encarga de modelar la montaña sin pedir permiso: empuja la nieve hacia las laderas opuestas a su dirección, deja cornisas colgando y forma acumulaciones que parecen inofensivas pero que pueden colapsar si uno se para encima, o si se corta desde abajo. Por eso los centros de esquí marcan con banderas y carteles las zonas seguras y piden una y otra vez que no se abandonen. No es capricho: es la forma más concreta de evitar que un día de diversión termine en una tragedia.

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía queda por delante el tramo más lindo del invierno en la zona, con nieve polvo y cielos limpios. Pero cada salida a la montaña es un recordatorio de que lo que parece una postal es, en el fondo, un sistema vivo que cambia minuto a minuto. Los dos esquiadores de esta historia se fueron a su casa con el corazón en la boca y, según me dijeron conocidos del pueblo, con la promesa íntima de no volver a salirse de las pistas marcadas. Que les dure la promesa, como le dura la nieve al filo del cerro cuando decide portarse bien.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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