Cuando 12.000 extras congelados revivieron el infierno de Stalingrado en tierras finlandesas
La superproducción alemana de 1993 dirigida por Joseph Vilsmaier reconstruyó la batalla más cruenta de la Segunda Guerra Mundial con un despliegue descomunal y un detalle que muchos ignoran: ni una sola escena se filmó en la ciudad real.
Hay algo casi obsceno en convertir una matanza de dos millones de personas en un espectáculo cinematográfico. Pero el cine bélico hace tiempo que dejó de pedir disculpas, y Stalingrado (1993) es de esas películas que se toman el trabajo de mostrar el horror sin atenuantes, aunque sea con presupuesto de blockbuster. La dirigió Joseph Vilsmaier, un alemán con obsesión por el detalle, y se gastó 20 millones de marcos (unos 14 millones de dólares de la época) en contar lo que Theodor Plievier había novelado en 1945, apenas terminada la guerra.
El resultado tardó décadas en llegar a la pantalla. La novela se publicó en 1945, la adaptación cinematográfica vio la luz recién en 1993. Casi cincuenta años después, vaya uno a saber por qué tardó tanto. Lo concreto es que cuando se decidió rodar, se hizo a lo grande: cinco meses de filmación, varios países involucrados y alrededor de 12.000 extras para las escenas de combate. El punto más extremo del rodaje fue Finlandia, donde el termómetro bajó a 30 grados bajo cero durante las secuencias más exigentes. Para los momentos de heridos y mutilados se contrataron veteranos de guerra con amputaciones reales, un recurso que hoy probablemente sería impensable pero que en los 90 todavía formaba parte del manual del realismo bélico.
Un detalle que casi nadie conoce
Acá va el dato que rescato siempre, el que justifica mirar la película aunque sea por curiosidad: ni una sola escena se filmó en Stalingrado. La ciudad quedó tan destruida durante el conflicto que en la posguerra fue reconstruida por completo, de modo que para 1993 no quedaba prácticamente nada de la arquitectura de la época que pudiera servir como locación. Todo lo que vemos en pantalla es un decorado levantado desde cero, una ciudad inventada para contar una ciudad destruida. Hay algo poívco y perturbador en eso, si lo piensan.
“La toma de Stalingrado era considerada por el régimen una necesidad psicológica urgente, según quedó registrado en el diario de Joseph Goebbels.”Material de base
Caja, legado y un clásico de culto
En lo que hace a números, la película recaudó 10 millones de dólares en Alemania, por debajo de las expectativas. En España, en cambio, funcionó mejor de lo esperado con unos 1,34 millones de euros en taquilla. Con los años se ganó el lugar de referencia del cine bélico europeo, aunque su proyección internacional haya quedado parcialmente eclipsada por Enemigo a las puertas (2001), la versión judeofrancesa-estadounidense con Jude Law que muchos confundieron con esta. Error comprensible: las dos hablan del mismo infierno. La diferencia es que Vilsmaier lo cuenta con una austeridad germánica que la producción de Jean-Jacques Annaud ni siquiera intenta.
- Presupuesto: 20 millones de marcos alemanes (unos 14 millones de dólares).
- Rodaje: cinco meses, con secuencias extremas a 30 grados bajo cero en Finlandia.
- Extras: alrededor de 12.000, más veteranos amputados para las escenas de heridos.
- Locaciones: ninguna en la ciudad real de Stalingrado; todo se reconstruyó en estudio y otras locaciones.
- Disponible actualmente en Amazon Prime Video.
Recomendación sin vueltas: si les gusta el género y todavía no la vieron, dense el gusto. Es cruda, es larga, es pesada. Pero es de esas que se quedan dando vueltas varios días después. Y si ya la vieron, mirarla de nuevo sabiendo lo del decorado entero cambia la experiencia. Se los digo por experiencia propia.
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