Carrie vuelve en formato serie y se esconde entre libros: la sorpresa es que la literatura la salva (y la condena)
La nueva adaptación televisiva de la novela de Stephen King hace de la lectura el verdadero campo de batalla de su protagonista. Hay libros censurados, guiños a otras adaptaciones y hasta una conexión directa con un próximo estreno que llega en 2027.
Acá estamos otra vez, hablando de Carrie como si fuera una novedad. Spoiler: no lo es. Stephen King la publicó en 1974, Hollywood ya la destrozó con dos adaptaciones (una gloriosa, una olvidable) y ahora alguien decidió contar la historia otra vez, esta vez en serie. ¿Y saben qué es lo mejor? Que la lectura, literal, se convierte en el motor de todo.
Summer H. Howell se pone en la piel de una Carrie White criada en una burbuja por su madre fanática, Samantha Sloyan como Margaret White. La chica nunca fue al colegio. No sabe lo que es un recreo, ni una mochila, ni mucho menos tener amigos. En su primer día en el instituto, intenta caer bien citando a J. M. Barrie: "¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?". Nadie entiende un carajo. Obvio.
Cinco libros censurados y una biblioteca como puerta de salida
El quiebre llega en el segundo episodio. El orientador Tim Bagley la lleva hasta la biblioteca del colegio y la chica empieza a elegir títulos como quien elige armas. No cualquiera, eh. Son libros que han intentado censurar en escuelas de Estados Unidos, justamente por hablar de sexualidad, racismo, libertad individual y rebeldía. O sea, todo lo que mamá le tenía prohibido.
- El cuento de la criada, de Margaret Atwood (patriarcado y fertilidad obligatorias).
- Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey (el manicomio como metáfora del sistema).
- Sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou (racismo, abuso y, sobre todo, resiliencia).
- Buscando a Alaska, de John Green (adolescencia, duelo, primeras veces).
- Anoche en el Telegraph Club, de Malinda Lo (identidad lésbica en los 50, la novela que más intentos de prohibición acumula en los últimos años).
La selección es un manifiesto. Cada libro es un cachetazo a la filosofía de Margaret White. Leer, acá, es un acto de rebeldía pura, no un hobby de domingo a la tarde. Y la serie lo entiende de verdad: no usa la lectura como decorado, la usa como motor.
Y hay un detalle que me llamó la atención, porque soy de las que se queda hasta el final de los créditos analizando todo: alrededor del minuto 31 del segundo episodio, hay una estudiante leyendo El Exorcista en la biblioteca. No es casualidad. El director de la serie tiene en producción El Exorcista: Mártires, una nueva entrega de la franquicia con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor, que se estrena en cines en marzo de 2027.
Dos niveles de guiño: uno para la protagonista, otro para el espectador
La serie maneja entonces dos capas. Una interna: los libros que Carrie elige cuentan la historia de su propio despertar. Ella lee para entender el mundo que su madre le ocultó. La otra, externa: aparecen conexiones con el género y con proyectos que ya tiene en carpeta el realizador. Es autoreferencia pura, del tipo que premia al espectador que mira en serio y no al que scrollea al lado.
Rescatemos a alguien que viene haciendo los deberes sin hacer ruido: Samantha Sloyan. Lleva décadas laburando en series (parece que la vimos en The Haunting of Hill House y alguna más), siempre, siempre correcta. Acá le toca encarnar a la madre más asfixiante de la televisión reciente y lo borda. Tiene escenas incómodas en las que uno no sabe si compadecerla o tenerle miedo. Las dos cosas están bien.
Mi recomendación, sin vueltas: vean los dos primeros episodios. No por los sustos (que seguro vienen), sino por la idea de fondo. Una adaptación que entiende que la herramienta más poderosa contra una madre fundamentalista es una biblioteca abierta al público. En tiempos en que nos quieren volver a prohibir libros, la serie llega con un timing quirúrgico. Ironías de la vida, ¿no?
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