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SÁB, 17 OCT 2026
Turismo

Carretas, malbec y lechón a la estaca: la pulseada campesina que se cocina a 84 kilómetros de la Capital

Un tramo asfaltado de 16 kilómetros rescata la huella del Camino Real al Alto Perú y la convierte en una jornada de campo completa, con asado, pastas caseras, viñedos y hasta tirolesas, a un paso de la ruta 7.

FT
Facundo TamburiniDeportes · · lectura 3 min
Carretas, malbec y lechón a la estaca: la pulseada campesina que se cocina a 84 kilómetros de la Capital

A veces lo que uno busca para cortar la semana aparece donde menos lo imagina: en una cinta asfaltada de apenas 16 kilómetros que arranca en el kilómetro 72 de la ruta 7 y termina en Villa Ruiz, Luján mediante. A 84 kilómetros de Buenos Aires, el Camino Secundario Provincial 064-05 todavía conserva el ritmo de las carretas que a mediados del siglo XVII bajaban hacia el Alto Perú. Hoy, en lugar de postas, hay parrillas, granjas con animales, cabañas de campo y un viñedo que tira cepas de malbec, pinot, tannat, cabernet sauvignon y marcelan como si fueran figuritas difíciles de conseguir.

De la posta colonial al bodegón con historia

Los primeros establecimientos aparecen a la mano derecha, casi como una emboscada amable: un lodge con spa y actividades de aventura abre la fila, y dos kilómetros más adelante se instala una granja con laguna propia. Allí, el menú del mediodía suena a clásico de domingo anticipado: fiambres, empanadas, pastas, asado y postre, con talleres de amasado de pan y ovejas a la vista. La jornada arranca a las 10 y se estira hasta la merienda, lo que convierte al lugar en una trampa perfecta para quienes llegaron pensando en almorzar y terminan cenando.

  • Lodge con spa y deportes de aventura en el ingreso del camino.
  • Granja educativa con laguna, talleres de pan y menú criollo completo.
  • Bodegones históricos en Carlos Keen con recetas familiares de más de cien años.
  • Viñedo con catas y menú maridado entre cepas de malbec, pinot, tannat, cabernet sauvignon y marcelan.
  • Restaurante con parque, menú libre y juegos al aire libre: búsqueda del tesoro, vóley y fútbol.
  • Casona de 1897 reconvertida en hotel de campo y comedores de lechón a la estaca y bondiola con cerveza negra.
  • Estancia de 1755 en Azcuénaga, testigo de un acuerdo político clave del período rosista.

Si el lector me pregunta por la parada que no me quiero perder, lo digo sin vueltas: Carlos Keen. Es el pueblo donde el camino se pone definitivamente criollo. Ahí las parrillas se suceden una tras otra y las casas de campo esconden comedores que funcionan con recetas que llevan más de un siglo en la misma familia. Hay uno, en particular, que se esconde entre árboles y es casi una leyenda barrial: picada generosa, empanadas de molde y carnes a las brasas servidas en un entorno que parece sacado de un álbum de fotos viejo.

Pasado Carlos Keen, el tramo hacia Villa Ruiz levanta la apuesta. El viñedo propone recorrer las cepas y catar, con menú maridado incluido. Más adelante aparece un restaurante con parque que ofrece menú libre y se transforma en un club de día: búsqueda del tesoro, vóley, fútbol, juegos de mesa y taller de pan. Y para el que quiera quedarse a dormir, una casona de 1897 reconvertida en hotel de campo convive con comedores especializados en lechón a la estaca, bondiola glaseada con salsa de cerveza negra y pastas caseras que, a esta altura, ya son una fija del recorrido.

La huella rosista que también se visita

El viaje no se agota en la mesa. En las afueras de Azcuénaga quedan en pie parte de las instalaciones de una estancia construida en 1755, escenario en 1834 de la firma de un documento político relevante del período rosista. Por allí pasaron figuras centrales de las guerras civiles argentinas, y la sola caminata por el casco ya alcanza para entender por qué esa ruta fue, durante siglos, la columna vertebral del tráfico entre Buenos Aires y el norte.

Para llegar desde Capital, la fórmula es simple: Acceso Oeste hasta Luján, luego ruta 7 y, en el kilómetro 72, doblar a la derecha. Carlos Keen queda a apenas 12 kilómetros del desvío, y de ahí en más el camino se encarga de decidir por uno. Eso sí: volver con el estómago lleno y la billetera contenta es una pulseada que el Camino Real, casi siempre, gana por goleada.

FT

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