Bill Murray, el doctor Venkman y una camioneta con aroma a pochoclo rancio: el negocio de Rivian para Halloween
La marca de autos eléctricos sumó una actualización de software con estética Cazafantasmas y convenció a Murray de volver a ponerse la bata. Hay un juego para aplastar Mini-Pufts en la pantalla, luces con onda trapeador y hasta un detector de chicos disfrazados. Spoiler: el marketing estacional sigue ganando la pulseada.
Digan lo que digan, los años ochenta no se van nunca. Apenas uno se distrae, aparece un señor con el mismo saco de hace cuatro décadas, una sonrisa sardónica y una franquicia que ya gastamos de tanto revisitar. Esta semana le tocó a Bill Murray, que volvió a calzarse el personaje del doctor Peter Venkman para un comercial de 70 segundos de la marca de camionetas eléctricas Rivian. La excusa: presentar una actualización de software con temática de Cazafantasmas, disponible hasta el 2 de noviembre.
El spot muestra a Murray al volante de una R1S tuneada como el Ecto-1 original, bautizada con el nombre inevitable de Ecto-R1. El vehículo responde a una llamada de emergencia (la del Cuartel General de los Cazafantasmas, claro) y despliega luces y sonidos de utilería. Es simpático, es naif, y Murray sigue teniendo ese timing de personaje que sabe que la cámara lo mira.
Qué trae el update, para quien le interese el dato fino
- Mallow Mash: un minijuego en la pantalla central donde los ocupantes aplastan Mini-Pufts con el dedo, como si fuera un Whac-A-Mole premium.
- Tema visual del fantasma Pegajoso Slime, con slime incluido (digital, no se hagan ilusiones).
- Easter eggs escondidos en el sistema, para los obsesivos que gustan de hurgar hasta el último menú.
- Modo Trick or Treat: la camioneta enciende barras de luz y sonidos temáticos cuando detecta personas disfrazadas cerca del vehículo, ideal para quienes reparten caramelos en la cuadra.
- Iluminación interior y exterior rediseñada con inspiración en los clásicos Rayos de Neutrones y la Trampa de Fantasmas.
La actualización no se limita al R1S ni al R1T: también la recibe el R2, el modelo compacto que Rivian lanzó a principios de año y que, según la marca, es el primero en sumar la movida desde su estreno. La promesa, otra vez, es la de siempre en la industria del software sobre ruedas: el vehículo sigue agregando funciones después de que uno ya pagó la factura.
(Y acá va mi rescate de artista poco conocido, fiel a mi vicio de columna: no puedo dejar de mencionar al compositor Elmer Bernstein, que firmó la banda original de la película de 1984 y murió en 2004 sin ver jamás una pickup eléctrica con su música como tono de llamada. Algo de esa melodía debería colarse en la actualización, aunque sea como guiño. Le debemos eso.)
Ahora, hablemos en serio aunque nadie nos convocó a eso. ¿Este tipo de cruces entre franquicias ochentosas y tecnología eléctrica le suman valor real al producto? Mi respuesta corta: no, pero le suman al showroom. Y en una industria donde los márgenes son flacos y la pelea por el garaje del consumidor es a cara de perro, cualquier conversación vale. La pregunta de cierre del propio material (cruzarse con Venkman para vender camionetas, ¿suma o es puro marketing de estación?) tiene una respuesta incómoda: probablemente las dos cosas a la vez, y eso no lo hace ni virtuoso ni, lo hace simplemente funcional.
Recomendación sin vueltas para quien lea y tenga curiosidad: vean el comercial, dense el gusto de recordar la infancia, y si están por comprar una Rivian aprovechen el update hasta el 2 de noviembre. Si no están por comprar nada, igual miren el spot: Murray sigue siendo Murray, y eso no tiene update que lo mejore.
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