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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Asma con sesgo femenino: cómo las hormonas moldean la evolución de la enfermedad después de la pubertad

El asma afecta a unos 260 millones de personas en el mundo y, tras la pubertad, golpea con más fuerza a las mujeres: más episodios graves, más internaciones y un control clínico más difícil. Especialistas revisan el papel del estrógeno y la progesterona, el impacto del ciclo menstrual y el embarazo, y los factores que aún faltan desentrañar.

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Celeste BonettoEducación y universidades · · lectura 3 min
Asma con sesgo femenino: cómo las hormonas moldean la evolución de la enfermedad después de la pubertad

Después de la pubertad, el asma cambia de manos. Hasta esa etapa, los varones son quienes más consultan por la enfermedad; a partir de la adolescencia, la curva se invierte y son las mujeres las que cargan con mayor prevalencia, más episodios graves y más ingresos a guardias e internaciones. Así lo describe una investigación publicada en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, basada en datos del estudio Global Burden of Disease 2021, que calculó que 260 millones de personas convivían con asma en el mundo durante ese año. La diferencia entre sexos, subrayan los autores, no responde a una causa única y todavía no termina de descifrarse.

Estrógeno y progesterona bajo la lupa

Un equipo encabezado por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, publicó en The Journal of Allergy and Clinical Immunology un trabajo centrado en pacientes con asma grave. Los investigadores observaron que el estradiol y la progesterona pueden incrementar la producción de IL-17A, una proteína asociada a procesos inflamatorios, y detectaron mayor actividad de células inmunitarias conocidas como TH17 en mujeres con asma grave en comparación con varones con el mismo diagnóstico. El estudio aclara, no obstante, que el hallazgo no prueba causalidad directa ni se generaliza a todos los casos: la muestra fue reducida y parte del análisis se realizó en modelos animales.

“No se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en interacción con factores hormonales y ambientales.”Patricia Silveyra, Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana

Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: variables que complican el seguimiento

El cuadro clínico tampoco es estable a lo largo de la vida reproductiva. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40% de las pacientes podría percibir variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten fijar una cifra definitiva. La hipótesis más explorada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que podrían aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.

Durante el embarazo, la evolución se vuelve aún menos predecible. Un patrón clínico clásico describe que alrededor de un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se mantiene estable y el tercio restante mejora, en proporciones que varían según la gravedad de base y el tratamiento. A ese escenario se suman luego la perimenopausia y la menopausia, donde la caída hormonal vuelve a alterar la respuesta inflamatoria y exige reevaluar el esquema terapéutico.

  • Hormonas sexuales: estrógeno y progesterona actúan como moduladores de la inflamación y pueden intensificar la respuesta de las vías aéreas.
  • Genética con expresión diferencial: variantes genéticas compartidas pueden expresarse de manera distinta según el sexo.
  • Composición corporal: el sobrepeso y la obesidad, más prevalentes en algunas etapas vitales de las mujeres, se asocian con asma de difícil control.
  • Exposición ambiental: contaminantes domésticos, humo de tabaco y alérgenos laborales inciden con peso variable.
  • Etapas reproductivas: ciclo menstrual, embarazo y menopausia introducen cambios hormonales que alteran los síntomas.

Qué cambia en la consulta y en el aula

Para los equipos de salud, la evidencia disponible invita a interrogar de manera sistemática el momento del ciclo menstrual, el uso de anticonceptivos hormonales, los embarazos previos y la etapa menopáusica al evaluar a una paciente con asma de difícil control. También refuerza la necesidad de registrar la evolución de los síntomas en función de esas variables y de ajustar los tratamientos de manera individualizada. En la formación médica, el desafío pasa por incorporar la perspectiva de sexo y género desde el pregrado, de modo que el seguimiento deje de pensarse solo en términos de flujo respiratorio y pase a considerar el entramado hormonal, genético y ambiental que marca la diferencia entre varones y mujeres adultas con asma.

CB
Celeste BonettoEducación y universidades

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