Una semana con el paraguas a mano: Neuquén se prepara para un finde pasado por agua
La capital neuquina transita días grises, con máximas que no pasan de los 20 grados y un fin de semana donde las tormentas eléctricas prometen hacerse sentir. Recomendaciones para quienes piensan salir igual.
Lo confieso: cuando bajé del colectivo en la terminal de Neuquén, este miércoles a media mañana, lo primero que sentí no fue el frío sino esa luz chata, sin sombras, que te anuncia que el sol hoy no va a aparecer. El cielo estaba tapado como con una frazada gris, y la gente caminaba con el cuello del piloto levantado, esa actitud que uno tiene cuando sospecha que en cualquier momento le cae algo encima. Así arranca la semana en la capital neuquina: con el termómetro que no se anima a pasar los 20 grados, viento del sureste a unos 14 kilómetros por hora y una noche que se viene fresca, con 8 grados y ráfagas que ya prometen complicarse.
La inestabilidad, según los pronósticos que estuve revisando, se va a quedar hasta el viernes y se va a poner peor el fin de semana. O sea, el que pensaba en hacer un asado al aire libre, ir a pescar al río o armar una caminata por el valle, más vale que vaya moviendo fichas.
De miércoles a viernes: cielo cerrado y viento en aumento
El jueves sigue con la misma tónica: 20 grados de máxima, cielo completamente nublado y vientos del este que van tomando fuerza con el correr de las horas. De madrugada las ráfagas pueden llegar a los 33 kilómetros por hora, así que al que le toque salir temprano, ya sabe, sujetarse el sombrero.
El viernes la cosa afloja un grado, con una máxima de 18. El viento rota al noreste y sopla a 25 kilómetros por hora durante el día, pero atención: hacia la noche se refuerza y las ráfagas se van hasta los 43 kilómetros por hora, con el cielo tapado por completo. Es decir, la previa del temporal.
Sábado y domingo: el finde se prende (con rayos)
Mientras esperaba el café en un bar de la calle Tucumán, me crucé con Rubén, un vecino de 54 años que trabaja en una obra cerca del centro. Me dijo, mientras miraba el cielo por la ventana: Yo tenía pensado llevar a los chicos al parque el domingo, pero si va a estar así, mejor los llevo al museo o a ver una peli. La verdad, uno ya se acostumbra, pero cansa. Tiene razón Rubén: cansa. Acá en Neuquén uno aprende a leer el cielo como otros leen el diario.
Mi consejo, después de caminar varias cuadras y charlar con la gente, es el siguiente: si tenés planes al aire libre, los mejores momentos siguen siendo las mañanas de miércoles y jueves, antes de que el viento se ponga pesado. El fin de semana, en cambio, conviene tener un plan bajo techo. Y un consejo extra: cargá el celular, que con estas tormentas a veces se corta la luz y uno queda aislado.
Cuando me volví a subir al colectivo, ya empezaban a caer las primeras gotas finas, esa llovizna que parece que no va a hacer nada pero te termina empapando. Miré el reloj: eran las tres de la tarde y el cielo se ponía cada vez más oscuro. Pensé en Rubén, en sus chicos, en todos los que este finde van a tener que cambiar sus planes a último momento. La meteorología, en Neuquén, no es un tema menor: es parte de la conversación cotidiana, del saludo en la esquina, de la decisión de sacar o no el auto del garage. Y esta semana, claramente, el que avisa no traiciona.
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