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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Una madre en la nieve: caminó sola 15 kilómetros para salvar a su familia varada en la cordillera neuquina

Sabrina Canepa dejó a su pareja y a sus dos hijos en la camioneta cubierta por bardones y bajó a pie hasta la ruta 37 para pedir ayuda. La Brigada Rural de Chos Malal llegó con camionetas 4x4 y los sacó sanos y salvos.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 3 min
Una madre en la nieve: caminó sola 15 kilómetros para salvar a su familia varada en la cordillera neuquina

La vi de espaldas, todavía con nieve hasta los tobillos, a la vera de la ruta provincial 37, en algún paraje del Alto Neuquén donde el horizonte se vuelve blanco y silencioso. Sabrina Canepa (47) llevaba varias horas caminando sola por la alta montaña y, sin embargo, se mantenía de pie. Ese martes, en Chos Malal, me crucé con la imagen que se me quedó grabada y que resume una historia que bien pudo terminar en tragedia y terminó en un abrazo.

La historia empezó el lunes pasado, cuando una familia de Dique Luján, en el partido de Tigre, decidió hacer lo que muchos porteños sueñan: meterse en la cordillera. Sabrina, su pareja Facundo Botner (43) y sus dos hijos, de 9 y 3 años, habían manejado varias horas hasta el norte neuquino con la idea de conocer de cerca el refugio de guardaparques del Cerro Wayle, a unos 48 kilómetros de Chos Malal. El paisaje los recibió con creces. Y la nieve, también.

Una decisión en medio de la montaña

Cuando quisieron darse cuenta, la pick up Renault Alaskan había quedado prácticamente cubierta por bardones de nieve, esos montículos duros que se forman cuando el viento amontona la precipitación y la congela. El vehículo estaba en una zona donde no había señal de celular, ni manera de sacarlo por sus propios medios, ni vecinos a la vista. Tenían dos chicos, hambre de respuestas y cinco horas por delante sin saber qué iba a pasar.

Entonces Sabrina tomó la decisión que nadie le pidió y que, probablemente, les salvó la vida. Dejó a Facundo y a los chicos al resguardo de la camioneta, se echó sobre los hombros lo indispensable y empezó a caminar siguiendo las huellas que ellos mismos habían dejado al entrar. Eran unos 15 kilómetros por una ruta de ripio y nieve, con el sol alto y el viento calándose en la campera. El tramo le demandó entre dos y tres horas de marcha ininterrumpida.

Ya con señal, logró comunicarse con la Policía de Río Negro. La alerta pasó de ahí a la Policía de Neuquén y, finalmente, recaló en la Dirección de Seguridad Alto Neuquén, en Chos Malal. Cerca de las dos de la tarde, la División Brigada Rural, a cargo del subcomisario Ricardo Ovadilla, salió hacia el cerro con camionetas 4x4 preparadas para atravesar lo que sea.

“La encontramos en la ruta. Estaba en buenas condiciones físicas, aunque agotada por el duro recorrido. Nos comentó que andaban de turistas y que querían conocer el lugar de cerca.”Ricardo Ovadilla, subcomisario de la Brigada Rural de Chos Malal

El rescate, paso a paso

Lo que siguió fue casi un operativo militar, pero sin armas ni estridencias. Los efectivos se cruzaron con Sabrina en la ruta, la subieron a una de las camionetas y siguieron viaje hacia el refugio, donde Facundo esperaba con los chicos en la Renault. Con palas y el impulso de los 4x4, removieron los bardones que bloqueaban el vehículo y, después de varios intentos, lo liberaron. La familia pudo regresar por sus propios medios hasta Chos Malal y, según me confiaron, ninguno necesitó atención médica. El clima, curiosamente, acompañó: sol tibio, poco viento y una visibilidad que les permitió hacer todo el trayecto sin sobresaltos.

Desde la Dirección de Seguridad Alto Neuquén y la propia Brigada Rural insistieron en algo que Sabrina y Facundo aprendieron en carne propia: mientras queden acumulaciones de nieve, conviene evitar los caminos de montaña sin un vehículo con tracción a las cuatro ruedas y el equipamiento adecuado. La ruta al Cerro Wayle sigue siendo una invitación preciosa, pero también una trampa para los que suben desprevenidos.

Me fui de Chos Malal pensando en esa mujer caminando con la mirada fija en el ripio, decidida a no volver sin ayuda. Cuando volví a pasar por el mismo tramo de la ruta 37, la huella de sus pasos ya se había tapado con el viento. La nieve, como siempre en la cordillera, termina borrándolo todo. Menos las historias, que quedan.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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