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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Un prototipo con inteligencia artificial retiró el 51,85 % de los plásticos en ensayos de piscina y se consagró en Estocolmo

El dispositivo Ecoferroquatics, creado por el estudiante canadiense Moroti Adegboyega, identificó residuos sobre el agua y los retiró con un compuesto magnético. Promedió 1,73 piezas por minuto y se consagró en el Stockholm Junior Water Prize 2026, aunque todavía no está listo para operar en ríos o lagos.

CB
Celeste BonettoEducación y universidades · · lectura 3 min
Un prototipo con inteligencia artificial retiró el 51,85 % de los plásticos en ensayos de piscina y se consagró en Estocolmo

Los ensayos en piscina de Ecoferroquatics arrojaron un promedio de 51,85 % de plásticos retirados sobre el total dispuesto en el agua, un dato que se desprende del informe técnico presentado por su desarrollador al Stockholm Junior Water Prize 2026. La cifra surge de nueve pruebas en un entorno controlado, en el que el robot registró, además, 1,73 piezas recolectadas por minuto. El creador, Moroti Adegboyega, un estudiante canadiense de 17 años, fue reconocido con el máximo galardón del certamen junior dedicado al agua.

El prototipo todavía demanda ajustes antes de poder desplegarse en ríos, lagos o cursos naturales, una advertencia que los propios organizadores del premio subrayaron al entregar la distinción. El objetivo declarado del proyecto es retirar plástico de manera selectiva y, al mismo tiempo, reducir la captura involuntaria de plantas y pequeños animales que suele producirse con redes y otros sistemas de arrastre masivo.

Una tarea repartida entre inteligencia artificial y ferrofluido

El funcionamiento del equipo se apoya en dos tecnologías complementarias. Por un lado, un sistema de inteligencia artificial identifica los residuos y determina su posición sobre la superficie del agua. Por el otro, esa información se transmite a los microcontroladores, los circuitos que gobiernan la navegación del aparato, para que avance hasta el punto donde se localiza el objeto detectado.

La extracción del plástico queda en manos de un líquido especial, conocido como ferrofluido, y de los imanes incorporados al cuerpo del robot. El ferrofluido recubre una porción de la estructura y, al entrar en contacto con el residuo, puede adherirse a él; luego, el campo magnético generado por los imanes permite retirarlo del agua. Adegboyega elaboró la mezcla con tres componentes: aceite vegetal, como base y facilitador del contacto; magnetita, que aporta la respuesta al campo magnético; y ácido oleico, encargado de mantener las partículas separadas y estables dentro del compuesto.

  • Inteligencia artificial: reconoce los residuos y establece su ubicación sobre el agua.
  • Microcontroladores: reciben la señal y dirigen el desplazamiento del robot.
  • Ferrofluido (aceite vegetal, magnetita y ácido oleico): se adhiere al plástico.
  • Imanes: retiran el ferrofluido con el residuo adherido.

El proyecto también contempló una comparación con un tamiz convencional. En los ensayos con microplásticos, el prototipo logró un mejor desempeño que ese filtro básico, dado que las partículas pequeñas pueden atravesar las aberturas de una malla, mientras que el compuesto magnético consigue fijarse a ellas. Esa diferencia resulta relevante porque buena parte de la contaminación dispersa en ambientes acuáticos está compuesta por fragmentos diminutos que escapan a los sistemas tradicionales de retención.

Adegboyega, consultado sobre el origen de la iniciativa, explicó que tomó como punto de partida un procedimiento que separaba residuos mediante una mezcla de agua y ferrofluido, y consideró que ese esquema resultaba complejo de trasladar a un curso de agua real. A partir de esa observación, construyó una plataforma móvil capaz de desplazarse sobre la superficie, identificar los desechos y recogerlos con el compuesto magnético sin necesidad de volúmenes adicionales de agua.

En el aula y en los laboratorios donde se gestó el prototipo, el caso abre una discusión concreta sobre cómo la inteligencia artificial y la química de materiales pueden articularse para resolver problemas ambientales. La experiencia demuestra, además, que la investigación puede producir prototipos con resultados medibles: nueve ensayos, un porcentaje de recolección del 51,85 % y un ritmo de 1,73 piezas por minuto son, para un proyecto, cifras que respaldan la decisión del jurado en Estocolmo.

CB
Celeste BonettoEducación y universidades

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