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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

The Good Place: cuatro temporadas para descubrir que la moral no es un juego de ingenio

La comedia de Michael Schur convierte el más allá en una clase de ética con chistes, criaturas imposibles y un elenco que se anima a preguntarse cómo vivir después de muerto.

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Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
The Good Place: cuatro temporadas para descubrir que la moral no es un juego de ingenio

Advertencia para almas sensibles: The Good Place empieza con una mujer que llega al cielo después de muerta y la primera frase que dice es que ella no pinta nada ahí. Spoiler: tampoco lo va a aclarar rápido. La serie de Michael Schur toma el peor punto de partida imaginable (la llegada al más allá de alguien que sabe que no se lo merece) y lo estira durante cuatro temporadas y 53 episodios con una idea central bastante insolente: la ética no se resuelve con frases ingeniosas en un café.

El elenco como dispositivo filosófico

El reparto es de esos que justifican la serie sola. Ted Danson deja la cancha chica de Cheers para ponerse en la piel de Michael, el arquitecto del barrio celeste, con una sonrisa de gerente de banco que sabe más de lo que dice. William Jackson Harper compone a Chidi, un profesor de filosofía tan obsesionado con elegir correctamente que no puede ni pedir un café sin armar un cuadro comparativo. Jameela Jamil se banca a Tahani, la perfecta-de-pantalla que esconde un pozo de inseguridades; y Manny Jacinto se queda con Jason, un encanto de muchacho que no aprobaría ni filosofía de cuarto grado (y eso que ni la cursó).

Y acá va el rescate obligatorio: hay que mirar a Manny Jacinto. Es el partenaire cómico puro, el que se manda cada torpeza que sostiene los mejores chistes físicos de la serie sin hacer ruido. En un elenco con actores que podrían llevarse todos los flashes, Jacinto construye un personaje que funciona como el contrapeso perfecto: donde Harper piensa de más, Jacinto no piensa nada, y el resultado es gloria. Si solo te quedás con un nombre menos conocido para googlear después, que sea el suyo.

El utilitarismo, el consecuencialismo y la ética deontológica (o sea: decidir por las consecuencias, decidir por las reglas, decidir por el cálculo del mayor bien) aparecen en los diálogos como si fueran ingredientes de una receta. Kant convive con demonios de jerarquía media y con un sistema de puntos para entrar al paraíso que, cuando se rompe, arrastra toda la premisa hacia lugares insospechados. La serie se permite esos giros porque su humor absurdo les abre la puerta sin pedirles permiso.

  • ¿Una buena persona puede formarse después de los treinta (y pico) años de Egoísta Shellstrop?
  • ¿Importa más la intención o el resultado cuando decidís algo?
  • ¿Puede un sistema medir la bondad humana sin arruinarla en el intento?
  • ¿Qué lugar le queda al vínculo en un mundo pensado para gente perfecta?

Lo que más me interesa, y lo aclaro como opinión sin anestesia, es que The Good Place no se queda en el laboratorio de ética con pizarra y café. Habla de pérdida, de años compartidos, de a quién tenés al lado cuando todo se cae. La relación entre Eleanor y Chidi es el termómetro: arranca como una transacción (ella quiere aprender a ser buena, él quiere terminar su libro) y termina siendo lo más parecido a una historia de amor que se puede contar cuando una de las partes ya está muerta. Cuando la serie se permite llorar, llora bien, y eso se agradece.

Tiene un final. Y tiene el coraje de cerrarlo. En un catálogo donde todo se estira hasta el hartazgo, eso ya es un acto casi subversivo: Schur eligió contar una historia con principio, desarrollo y despedida, y dejar que los espectadores se despidan con los personajes en lugar de pedirles que se queden otra temporada a ver qué pasa.

Recomendación sin vueltas: si nunca la viste, dedicate un finde largo y empezá por el primer capítulo. Si la viste y la dejaste, retómala: la segunda temporada es donde la serie se vuelve indispensable. Y si ya la terminaste, sabé que no sos el único al que le quedó dando vueltas la pregunta con la que la serie se despide. ¿Qué dilema de The Good Place te gustaría debatir?

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Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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