The Gentlemen vuelve, y Eddie Horniman ya no es el señorito que jugaba a ser narco
La segunda temporada de la serie de Guy Ritchie se corre del humor negro puro y se anima a preguntar cuánto cuesta acumular poder. Theo James vuelve, pero el personaje es otro. Spoilers suaves adentro.
Hay regresos que parecen marketing y otros que parecen trabajo fino. Esta segunda temporada de The Gentlemen es de las segundas. La serie de Guy Ritchie vuelve a Netflix con ocho episodios que recogen a Eddie Horniman tres meses antes de que lo encontremos arrastrándose, malherido, por un campo embarrado. Spoiler de arranque: si la primera lo mostraba cayendo de cabeza en el negocio del cannabis, esta lo encuentra ya con los pies adentro y mirando hacia afuera.
Theo James vuelve a ponerse el traje del Duque de Halstead, aunque la cosa ya no le queda tan cómoda. Eddie dejó de ser el aristócrata que llegó por accidente al imperio de la familia Glass: ahora quiere expandirse fuera del Reino Unido, comprar tierras alrededor de la finca y mover la operación entre el cannabis legal, la política y, claro, el crimen internacional. O sea: el plan B del buen alumno que descubre que el aula le queda chica.
Bobby Glass, el patriarca que se hizo budista (y los problemas que eso trae)
Uno de los ejes de la temporada es la pelea fría con Bobby Glass. El patriarca está más preocupado por su despertar espiritual que por aggiornar el negocio, y eso choca de frente con las ambiciones de Eddie y de Susie Glass. Eddie empieza a entender algo que en el crimen organizado funciona como ley no escrita: los buenos modales, en este rubro, se leen como debilidad. Y quien acumula poder deja, casi por definición, que otros decidan por él.
- Eddie Horniman (Theo James): ya no es un visitante en el narcotráfico; quiere ser dueño de su propio juego.
- Susie Glass (Kaya Scodelario): la que empuja el carro y la que mejor lee las reglas no escritas del negocio.
- Marco Moretti (Sergio Castellitto): el mafioso italiano que trae consigo aire de vieja escuela europea y problemas nuevos.
- Cico Maldini (Michele Morrone): mano derecha de Moretti, imprevisible, como alguien a quien conviene no subestimar.
Ritchie cambia la receta, pero no la cocina
Guy Ritchie no reniega de lo suyo: sigue habiendo violencia estilizada, humor negro a la inglesa y ese montaje de persecuciones y golpes que parece un videoclip de los noventa. Lo que cambia es el centro de gravedad. Esta vez la pirotecnia está al servicio de una pregunta más incómoda: qué le hace el poder a una persona, y cuánto se puede volver hacia atrás una vez que se empieza. La transformación de Eddie tiene parentesco lejano con la de ciertos antihéroes clásicos del género: cuanto más control gana sobre el entorno, más lejos parece la salida.
(Dato para fans del reparto menos conocido: ojo con Daniel Ings, que se luce cada vez que aparece como Freddy Halstead. Si hay un personaje al que conviene seguirle el rastro en esta temporada, es ese.)
Mi recomendación, sin vueltas: si te gustó la primera, esta te va a gustar más. Es más oscura, más ambiciosa y, sobre todo, más adulta. Y si no viste ninguna de las dos, miralas en orden: el viaje de Eddie no se entiende sin el golpe inicial que le dio la bienvenida a un mundo donde las buenas maneras no pagan el alquiler.
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