Sarah, la hija de Barby Franco y Burlando, ya tiene pasaporte italiano: la odisea familiar detrás del trámite
Después de años de papeles, esperas y paciencia, la niña recibió la ciudadanía por descendencia. Franco lo celebró con un posteo emotivo y una reflexión sobre las raíces.
Hay algo de paradoja en ver a una nena de pocos años levantando un pasaporte europeo mientras su papá la sostiene en brazos como si fuera un trofeo. La imagen la subió Barby Franco a sus redes y resume, mejor que cualquier texto, lo que significa para una familia terminar con un trámite de ciudadanía italiana por descendencia: años de papeles, idas y vueltas al consulado, partidas de nacimiento traducidas, apostilladas, vueltas a traducir. Una novela burocrática que, cuando finalmente llega el documento, se vive como una victoria íntima.
El anuncio de la madre
Franco escribió que el día llegó después de "tantos años de lucha" y describió el proceso como una sucesión de "trámites, esperas interminables, papeles, paciencia" que "parecía no terminar más". El posteo incluyó fotos de Sarah con el pasaporte italiano en la mano y de Burlando celebrándola, y se cerró con una frase que pretende cerrar el capítulo: "La espera terminó, el sueño se hizo realidad".
“Es historia, raíces, identidad, familia y el legado de nuestros antepasados que sigue vivo en ella.”Barby Franco
La modelo también le habló directamente a su hija: "Hoy se abre una puerta más" para su futuro, "con nuevas oportunidades y un pedacito" de su historia "reconocido para siempre". Ahí aparece el costado que a veces se olvida cuando se habla de estos trámites: más allá del beneficio concreto de poder vivir y trabajar en cualquier país de la Unión Europea, hay una cuestión identitaria que pesa. Obtener la ciudadanía italiana por descendencia no es solo un trámite administrativo, es decirle a un chico que sus bisabuelos, allá en Calabria o en Sicilia, existen en su documento.
Cómo funciona el trámite
- La ciudadanía italiana por descendencia (ius sanguinis) la pueden gestionar hijos, nietos y bisnietos de ciudadanos italianos sin límite generacional, aunque a partir de determinada generación se exige que el ascendiente no haya renunciado a la nacionalidad.
- Los principales requisitos son la partida de nacimiento del antepasado italiano, las partidas que demuestren la línea genealógica hasta el solicitante, y los certificados de no naturalización o de ciudadanía de cada eslabón intermedio.
- La documentación debe presentarse traducida por traductor público matriculado y apostillada o legalizada, según el caso.
- Todo se tramita ante el consulado italiano correspondiente al domicilio del solicitante o, en algunos casos, en los municipios de Italia designados para esos expedientes.
- Los plazos suelen extenderse entre dos y cinco años, aunque hay casos que demoran mucho más, según la jurisdicción y el volumen de presentaciones.
¿Sirve el ejemplo para entender por qué la queja de los consulados italianos en la Argentina se repite cada año? Sí, sirve. Argentina es el país con mayor población de descendientes de italianos fuera de Italia, y los consulados de Buenos Aires, Córdoba y Rosario acumulan expedientes que tardan una eternidad. La historia de Sarah es la excepción en tiempo y en visibilidad, pero el trámite de fondo es el mismo que el de miles de familias que esperan.
Lo que rescato
A Burlando lo conozco de los juicios mediáticos, a Franco de las revistas del corazón. Pero me quedo con un detalle de las fotos que la mayoría pasó por alto: en una de las imágenes, sentada en el piso y rodeada de papeles viejos, aparece la tatarabuela de Sarah. Es un documento amarillento, una partida de nacimiento de alguien que probablemente jamás imaginó que su bisnieta iba a tener doble bandera. Eso, y no el pasaporte rojo, es lo que vale. Si alguien de tu familia arrancó con este trámite, paciencia: a veces la burocracia italiana se mueve cuando ya perdiste toda fe.
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