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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Rick canta covers en casamientos, le roban una canción y Paul Rudd se banca el garrón con Nick Jonas mirando

La película que Carney imaginó como una comedia musical sobre autores ninguneados ya se puede ver en HBO Max. Rudd como el músico que quedó varado en Dublín, Jonas como el popstar con quien se asocia y un hit que le pasa por encima sin pedir permiso.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Rick canta covers en casamientos, le roban una canción y Paul Rudd se banca el garrón con Nick Jonas mirando

Hay una fantasía muy frecuente entre músicos frustrados: que la canción que escribiste mientras juntabas monedas termine sonando en la radio con otro nombre en los créditos. A veces pasa, a veces no, pero cuando pasa, duele. Esa es exactamente la puerta que abre Letras robadas, la película que acaba de aterrizar en HBO Max después de su paso por salas y que tiene a Paul Rudd y Nick Jonas haciendo de las suyas.

Un rockero frustrado, un casamiento y un éxito que no es suyo

Rudd interpreta a Rick, un tipo que en otra vida soñó con ser una figura del rock y que en esta se gana la vida cantando covers en bodas junto a una banda de Dublín (sí, otra vez Dublín, parece que los cineastas tienen un acuerdo con el lugar). Su vida pasa, las mesas se aburren, los novios se besan y él canta Sweet Caroline por centésima vez. Hasta que aparece Danny, una estrella del pop a la que le pone la cara Nick Jonas, y entre los dos empieza a rodar algo: canciones escritas a cuatro manos, complicidad de músicos y una sociedad creativa que parece la solución a los dos problemas. La del rockero que quiere volver a crear, la del popstar que necesita aire fresco.

Hasta acá, una historia bonita. El problema, claro, es que la industria tiene otras reglas. Una de esas canciones escritas por Rick se vuelve un éxito mundial y él, directamente, no figura como autor. A partir de ahí la película deja la comedia liviana y entra de lleno en un tema muy concreto: quién firma una canción, qué pasa cuando el crédito no refleja quién la hizo y cuánto tarda un músico con el ego hecho pedazos en juntar coraje para pelear por lo suyo.

Comedia, drama y un villano silencioso que es la propia industria

Carney, que dirige con pulso de comedia dramática, se toma en serio la pregunta sin convertirla en un sermón. Alterna situaciones de humor (la del músico de bodas tiene material para rato) con el recorrido más íntimo de Rick, ese personaje al que Rudd le pone esa cara de tipo agotado de sí mismo que ya es marca registrada. Y en el medio, Jonas se anima a un registro más contenido que el de su carrera pop, lo que deja espacio para que el conflicto hable en vez de gritar.

Lo interesante, más allá de la dupla protagónica, es que la película elude el lugar común del músico que 'vende su alma' y prefiere mostrar algo más (perdón: más de todos los días): un tipo común al que le robaron algo y que tiene que decidir si pelear, bajarse del caballo o tragarse el sapo. No hace falta spoiler: alcanza con saber que la decisión define el resto del film.

  • Quien no la vio en el cine la encuentra ahora en HBO Max.
  • Para fans de comedias con banda de sonido pop-rock de los 90 y 2000.
  • Ideal para discutir después con alguien que trabaje en música.
  • Para ver en una noche de viernes, con algo rico para tomar y cero expectativa de solemnidad.

Recomendación corta: si te gustan las pelis sobre músicos que se la bancan con dignidad (o sin ella, también vale), y si no te molesta que Rudd esté un toque avejentado y encantador al mismo tiempo, sumate. Es una historia con corazón, con ironía a la irlandesa y con un tema que cualquier persona que haya creado algo entiende perfectamente: lo feo que es ver tu nombre borrado del propio trabajo.

Pregunta para los que leen: ¿qué otras historias del mundo de la música les gustaría ver en cine? Porque la fórmula Rockero frustrado + estrella pop + conflicto de autoría todavía tiene mucho para dar.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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