Regatas se sacó la espina en el cierre y le ganó a Instituto en el debut de la Liga
El equipo correntino resolvió un partido chivo en el último cuarto, con un parcial de 26-16 que desnudó a un Instituto que se quedó sin respuestas. Ruesga hizo temblar los rebotes y se llevó los flashes en su primera noche con la camiseta del Fantasma.
Arrancó el partido y a mí ya se me había hecho un nudo en la garganta. Instituto, que siempre viene con la calculadora bajo el brazo, se plantó en el estadio de Regatas como si viniera a pasar el fin de semana. Pero el Fantasma correntino tenía otras cosas en mente. Con un último cuarto demoledor, 26-16, el local lo dio vuelta y se quedó con un 73-63 que vale doble: porque fue el debut, porque fue en casa y porque se construyó a base de dientes apretados.
Hasta el último descanso, el encuentro era un empate de esos que no le gustan a nadie. 47-47, todo por decidirse, y el aire en el gimnasio se podía cortar con la mano. Ahí apareció el ADN del equipo de la ribera: defensa dura, manos activas y una rotación que no aflojó. Instituto, que se había ido al entretiempo ganando 31-29 gracias al trabajo de Torren Jones en la pintura, no encontró cómo seguir anotando cuando el reloj empezó a correr en su contra. Y los 15 puntos de diferencia que sacó Regatas en el tramo final hablan de un equipo que, cuando se lo propone, se vuelve incómodo para cualquiera.
Los nombres de la noche
- Fausto Ruesga: 16 puntos y 15 rebotes en su debut con Regatas. Un doble-doble de los que se graban en la retina del hincha.
- Roberto Acuña: otros 16 tantos, con la experiencia del que ya sabe leer estos partidos.
- Francisco Farabello: 13 puntos para sostener al equipo cuando Instituto intentaba volver.
- Torren Jones: 17 puntos y 9 rebotes, el único que sostuvo en alto a la Gloria hasta el final.
Ruesga fue la gran novela de la jornada. Debutar con esa camiseta y terminar como el dueño del rebote tiene un mérito que no se compra con dinero: se gana con callos en las manos. A su lado, Acuña manejó los tiempos como un director de orquesta que conoce cada compás. Farabello, desde el perímetro, le dio al Fantasma ese tiro de aire que necesitaba para correr.
Instituto, por su parte, se quedó con la sensación de haber tenido el partido en el bolsillo y haberlo visto escapar entre los dedos. Jones peleó, raspó y anotó, pero solo no alcanza en una Liga que se gana en colectividad. La Gloria terminó pagando caro ese segundo cuarto en el que creyó que el trámite estaba resuelto.
Lo que viene ahora me deja con la intriga a flor de piel. Porque Regatas no tiene demasiado tiempo para festejar: del 9 al 11 de octubre se mete en el Grupo B de la Liga Sudamericana, en la ciudad de Loja, Ecuador, donde lo esperan Jorge Guzmán, Nacional de Uruguay y Corinthians. Tres compromisos al hilo, contra rivales de distintas ligas, con un viaje largo de por medio y el cuerpo todavía acomodándose al ritmo de la competencia.
Ahí, a mi entender, se juega la verdadera prueba de fuego. Si Regatas quiere sostenerse en el doble frente tiene que decidir qué cara mostrar: si la del equipo que se apagó en los primeros tres cuartos del debut, o la del que en diez minutos fue capaz de borrarle el partido a un rival histórico. El próximo compromiso de la Liga Nacional se viene el viernes, y la pregunta que sobrevuela al hincha del Fantasma es la misma que me hago yo: ¿qué versión de Regatas se subirá al avión a Ecuador? Porque el torneo local no espera, y la Sudamericana tampoco.
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