Pergolini se mandó un fondo nuevo para el estudio y, claro, lo hizo él mismo con una impresora 3D
El conductor armó una estructura para exhibir vinilos en No preguntes por Rusia. Fabricó los soportes en su casa, eligió discos argentinos e internacionales y ya avisó que las tapas van a ir rotando emisión tras emisión.
Hay una pregunta que obsesiona a cualquier periodista cultural y que, obviamente, nadie se anima a hacer en voz alta: ¿cuánto tiempo aguanta el mismo fondo de estudio sin que te den ganas de mirar para otro lado? Mario Pergolini, eterno discutidor de la tele argentina, fue y resolvió el problema por su cuenta. Nada de llamar a un ambientador, nada de gastar fortunas en carpinteros: agarró una impresora 3D y se fabricó él mismo los soportes para una estructura de vinilos que ahora decora parte del fondo de su programa.
La movida se vio en No preguntes por Rusia, el ciclo que Pergolini conduce por el streaming de El Trece. En un pasaje del envío, su columnista Nico Etevenaux reparó en los cambios (siempre hay alguien en la redacción que hace el trabajo de policía estética) y preguntó por el sector cercano a una figura de un Stormtrooper de Star Wars, uno de esos muñecos que Pergolini colecciona y que conviven con libros y demás reliquias pop.
La selección de discos
Pergolini empezó a pasar revista a las tapas y la lista fue un viaje en el tiempo. Mezcló artistas argentinos e internacionales sin pedirle permiso a ningún curador. Entre los discos que señaló en vivo están Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News. También hubo lugar para Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, más una joyita que no podés dejar pasar: un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, esa clase de piezas que en las ferias de vinilo te miran con desprecio mientras vos intentás calcular cuánto vale el aguante emocional de tu billetera.
Las filas inferiores de la estructura sumaron a Los Piojos, AC/DC, Daniel Melengo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez, entre otros. O sea: rock nacional de los ’90 conviviendo con el gran Barry Manilow, que es exactamente el tipo de choque generacional que un buen fondo de estudio debería provocar. La ambientación se completa con una guitarra, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y objetos de colección. En otra pared sigue firme una estantería con CDs, porque tirar ensería mucho y Pergolini lo sabe.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini
El sótano, versión 2026
La movida ocurre en el mismo espacio subterráneo desde el que el ciclo se emite desde el arranque de la temporada 2026. En su momento, Pergolini lo había presentado como un “sótano prestado” y había aclarado que tenía limitaciones para recibir invitados (limitaciones que, claro, nunca le impidieron sentarse ahí a charlar durante horas). Ahora la colección musical ocupa parte del fondo visible y le da al lugar una densidad nueva: ya no es solo un sótano con luces azuladas, es un sótano con luces azuladas y una cantidad obscena de vinilos perfectamente sostenidos por piezas impresas en plástico.
Como rescatamos siempre en esta columna: hay un protagonista silencioso al que nadie le está dando crédito. Se trata de la impresora 3D casera que Pergolini usó para fabricar los soportes (sí, los que sostienen cada disco en la pared). En un país donde pedir un corte a medida sale más caro que el disco mismo, el conductor resolvió la logística en su casa y, de paso, dejó una pequeña lección de oficio: a veces lo más práctico es fabricárselo uno mismo en vez de esperar a que el universo colabore.
Recomendación sin vueltas
Si te copa la idea de armar tu propio museo de vinilos en una pared, arrancá por una estructura modular que puedas desarmar sin renegar. Y, sobre todo, no te cases con una selección definitiva: lo mejor de un fondo así es que las tapas vayan rotando al ritmo de tus obsesiones musicales de cada semana. Que Pergolini lo entendió sin que nadie se lo explique es, probablemente, lo más punk del asunto.
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