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SÁB, 17 OCT 2026
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Pausas activas de apenas dos minutos: qué dice la revisión que reunió 25 ensayos sobre la atención y la memoria

Una investigación con 1.115 participantes de entre 8 y 78 años detectó mejoras pequeñas pero consistentes al intercalar caminatas, estiramientos o ejercicios breves entre bloques de trabajo sedentario. Especialistas consultados valoraron los resultados en escuelas y oficinas y pidieron cautela al extrapolar el promedio a edades muy distintas.

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Celeste BonettoEducación y universidades · · lectura 3 min
Pausas activas de apenas dos minutos: qué dice la revisión que reunió 25 ensayos sobre la atención y la memoria

Caminar dos minutos cada media hora o cada hora puede parecer un detalle menor dentro de una jornada laboral o escolar. Sin embargo, una revisión que reunió 1.115 participantes en 25 ensayos clínicos detectó que esas pausas activas breves se asocian con mejoras pequeñas pero consistentes en la atención, la memoria de trabajo y el control de respuestas impulsivas al retomar las tareas sedentarias. El análisis, encabezado por Yongming Li, se centró en interrupciones inferiores a diez minutos, una escala compatible con la rutina de oficinas, aulas y reuniones.

Qué se probó y durante cuánto tiempo

Las actividades evaluadas incluyeron caminar, practicar yoga, subir escaleras, pedalear en bicicleta fija y hacer ejercicios de resistencia, así como rutinas más intensas como correr sin desplazarse o realizar saltos. En los ensayos, las pausas duraron apenas dos minutos y se repitieron cada treinta minutos o cada hora, intercalándose en bloques de trabajo o de estudio.

Una diferencia que abre el debate en oficinas y aulas

Para quienes trabajan sentados, la frecuencia de las interrupciones aportó un dato singular: las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor que las realizadas cada treinta minutos, aunque la diferencia fue reducida. En el ámbito escolar, Mark Hamer, investigador del University College London, destacó la posibilidad de incorporar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin necesidad de equipamiento deportivo. "Hay margen para insertar pausas activas en la jornada sin alterar la dinámica del aula", resumió Hamer.

La magnitud promedio de la mejora fue modesta: obtuvo un valor de 0,24 en la escala estadística utilizada por los investigadores, donde 0,2 se considera un efecto pequeño. Los resultados fueron mayores cuando las rutinas se mantuvieron varias semanas y en ámbitos escolares o laborales, lo que refuerza la lectura de que el beneficio se acumula con la práctica.

  • Atención sostenida: mejora leve pero consistente al retomar la tarea tras la pausa.
  • Memoria de trabajo: ligera ganancia en la capacidad de mantener y manipular información mientras se resuelve una consigna.
  • Control inhibitorio: mejor desempeño en pruebas que exigen frenar respuestas impulsivas.
  • Flexibilidad cognitiva: beneficio pequeño en la capacidad de alternar entre distintas reglas o consignas.

El mecanismo detrás de estas mejoras aún se discute. Mike Trott, de la Universidad de Queensland, señaló como hipótesis más firme la liberación de dopamina y noradrenalina, neurotransmisores involucrados en la vigilia y la focalización de la atención, junto con un mayor aporte sanguíneo a regiones cerebrales asociadas al aprendizaje. Hamer consideró razonables las conclusiones del metaanálisis, aunque pidió cautela al interpretar un promedio que reúne edades y etapas cognitivas tan dispares, ya que niños y adultos mayores responden de manera distinta a las pausas activas.

Qué cambia en el aula y en la oficina

En términos prácticos, la revisión sugiere que intercalar caminatas cortas, estiramientos junto a la silla o unos minutos de escaleras entre bloques de trabajo sedentario puede complementar la actividad física habitual, sin reemplazarla. En las escuelas, abre la puerta a planificar microdescansos de movimiento entre contenidos, mientras que en las oficinas invita a repensar la jornada sedentaria con pausas programadas cada hora, sin alterar los ritmos de producción. La propuesta, según los autores, se sostiene con evidencia modesta pero consistente, y queda a la espera de ensayos de mayor duración que confirmen la persistencia del efecto.

CB
Celeste BonettoEducación y universidades

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