Magnesio para dormir: cuando la moda le gana a la ciencia
Las ventas del suplemento se dispararon este año, pero los especialistas insisten en que la evidencia sigue siendo magra y los resultados, cuando aparecen, son modestos
Lo confieso: hace unas semanas, después de una de esas noches en las que el despertador parece un enemigo personal, una amiga me pasó un reel donde una chica de no se sabe dónde aseguraba que el magnesio le había cambiado la vida. Dormía como piedra, decía, sin la resaca pesada que te deja la melatonina. La semana pasada, en el kiosco de la esquina —el mismo que vende cigarrillos suelto y caramelos sueltos—, ya había un stand entero de frascos con distintas versiones del mismo mineral. Lo que era una rareza de dietética pasó a ser merchandising de góndola. Y algo de eso me llamó la atención, porque cuando un suplemento se vuelve de mostrador, suele ser el momento exacto en el que conviene abrir los ojos.
Las cifras lo confirman. Según la consultora NBJ, las ventas de suplementos de magnesio vinculadas al sueño treparon cerca de un 17% en 2025, muy por encima del 5% que creció la melatonina, un clásico de la noche. Estamos hablando de un mercado global de melatonina que ronda los 800 millones de dólares, y que sin embargo quedó segundo en este rubro específico. El magnesio, en cambio, se posicionó como el nuevo caballito de batalla de quienes buscan apagar la cabeza antes de medianoche.
Por qué se gana un lugar en la mesa de luz
El magnesio no es un invento marketinero: es un nutriente esencial, de los que el cuerpo necesita sí o sí. Participa en la regulación de la presión arterial, en el metabolismo del azúcar en sangre y en el funcionamiento de nervios y músculos. Hay una hipótesis —bastante repetida en el mundillo del bienestar— según la cual este mineral tendría influencia sobre neurotransmisores asociados a la calma, y por eso ayudaría a relajar el cuerpo y bajar la tensión antes de dormir. La idea es seductora, y encima se retroalimenta con los testimonios de usuarios en TikTok, Instagram y demás vidrieras digitales, que suelen ser el lugar donde nacen los hábitos antes de pasar a la farmacia.
El problema es que la investigación específica sobre el magnesio como inductor del sueño es escasa y, cuando existe, no siempre es concluyente. Un estudio publicado en 2025 dividió a 155 adultos con problemas de descanso en dos grupos: a uno le dieron 250 miligramos de glicinato de magnesio entre media hora y una hora antes de acostarse; al otro, un placebo. Los que tomaron magnesio mostraron mejoras en sus síntomas de insomnio, pero los propios autores las calificaron de modestas. Otro trabajo, de 2021, siguió a casi cuatro mil personas durante veinte años y encontró que quienes consumían más magnesio —por alimentos o suplementos— dormían más horas y con mejor calidad. Sin embargo, ese beneficio desaparecía al analizar solamente a personas con depresión, y el estudio no pudo probar causalidad, apenas correlación.
Qué tener en cuenta antes de sumar una pastilla más a la rutina
Más allá del marketing, hay un dato que me parece clave: parte del efecto que muchos sienten podría ser placebo, y no tiene nada de malo reconocerlo, porque el placebo también opera en el cuerpo, pero conviene saberlo antes de gastar plata y de creer que estamos haciendo algo médico. Antes de empezar a tomar magnesio para dormir —o cualquier suplemento, en realidad— lo razonable es conversar con un médico, sobre todo si se toman otros medicamentos, ya que el mineral puede interactuar con algunos fármacos. También es bueno recordar que, según la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, los suplementos dietarios no sustituyen una dieta equilibrada ni reemplazan tratamientos médicos. Dormir bien no debería depender de un frasco con nombre en inglés, sino de rutinas que sí tienen evidencia: horarios regulares, exposición a la luz durante el día, pantallas a distancia antes de acostarse, y consultar a un especialista si el insomnio se vuelve crónico. El magnesio puede ser un aliado modesto, pero de ahí a convertirlo en la nueva melatonina hay un trecho que la ciencia todavía no autoriza.
Volví al kiosco de la esquina y miré otra vez el stand. Tres marcas distintas, dos presentaciones, todas con la palabra sleep bien grande en la etiqueta. Me acordé de mi amiga, del reel, de la chica que dormía como piedra. Y me acordé también de Kansagra, de la exageración que le gana a la ciencia. A veces, antes de comprar una pastilla, lo más revolucionario es apagar el teléfono y abrir la ventana.
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