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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Los cinco pueblos del planeta donde la gente vive más y por qué

Un cardiólogo argentino recorre las comunidades más longevas del mundo y encuentra un patrón común que no depende de la genética ni del dinero, sino de decisiones cotidianas que cualquiera puede empezar a probar desde mañana.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
Los cinco pueblos del planeta donde la gente vive más y por qué

Leí la nota original y me quedé pensando en lo cerca que están esas cinco comunidades de la vida que muchos de nosotros podríamos empezar a construir sin grandes gastos ni voluntades de hierro. Fe, movimiento, comida de tierra, vínculos y un porqué. La fórmula suena simple, y sin embargo la mayoría de los adultos de entre 55 y 56 años que atendemos en los consultorios llega con el cuerpo pidiendo eso mismo a gritos.

El cardiólogo Jorge Tartaglione lo dijo con una claridad que me parece clave para discutir el tema en cualquier mesa familiar: la genética explica apenas el 25 por ciento de cuánto vivimos. El otro 75 por ciento, sostuvo, lo definimos nosotros. A los 55 o 56 años, esa persona todavía tiene entre 20 y 25 años por delante sin enfermedad, siempre que elija ciertos hábitos. La cifra no es un capricho: es la que manejan los estudios de longevidad cuando se analiza qué pasa después de los 50.

Las cinco comunidades y qué hacen distinto

Tartaglione recorrió cinco puntos del mapa conocidos por la alta expectativa de vida de su gente y buscó el denominador común. Lo que encontró no es una pócima ni un suplemento importado: son decisiones pequenas que se repiten todos los días.

  • Loma Linda, California: una comunidad mayoritariamente religiosa. La fe, según el cardiólogo, marca una diferencia de hasta diez años en la expectativa de vida respecto de la media.
  • Costa Rica: frutas tropicales como parte de la mesa diaria y un ritmo de vida tranquilo. Muchos superan los 80 años.
  • Icaria, Grecia: la isla tiene subidas y bajadas pronunciadas, así que sus residentes caminan de manera constante a lo largo del día, sin necesidad de gimnasio.
  • Cerdeña, Italia: dieta basada en lo que la tierra produce de forma natural. Tartaglione lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas: lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Productos frescos, sin conservantes ni ultraprocesados.
  • Okinawa, Japón: el concepto de propósito diario estructura la vida. No hace falta algo enorme, alcanza con tomarse un mate con una amiga, salir a caminar o sacar a pasar al perro, pero cada día se levantan con una visión y con ganas de hacer algo. Tartaglione mencionó personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música.

Cuando uno pone las cinco postales una al lado de la otra aparece el patrón que cruza a todas: movimiento cotidiano, alimentación poco procesada, vínculos sociales activos y algún tipo de motivación que organice el día. Ninguno de esos hábitos requiere recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales. No hay que mudarse a una isla griega ni abrazar una fe distinta: alcanza con revisar la lista del súper, con dejar el auto una parada antes, con llamar a un amigo, con proponerse un pequeno motivo para levantarse.

“Definimos nosotros el 75 por ciento.”Jorge Tartaglione, cardiólogo

Lo que se puede empezar a probar mañana

A los 55 o 56, la pregunta ya no es cuánto va a durar la vida sino cuántos de esos años van a ser vividos sin enfermedad. Tartaglione puso el número sobre la mesa: 20 a 25 anos de vida sana por delante si se eligen bien los hábitos. Y ese cálculo cambia cualquier conversación sobre jubilaciones, sobre hijos grandes que se van de casa o sobre proyectos que parecían archivados.

Me quedo con la imagen del japonés de 90 años que se levanta a bailar todas las mananas. No es un personaje exótico de un documental: es la prueba cotidiana de que un propósito chico, repetido, mueve el cuerpo y sostiene la cabeza. Si alguien me pregunta cuál de los cinco hábitos es el más fácil de incorporar, le diría que ese: empezar la jornada con una intención concreta, por mas minima que parezca. Después, la caminata, la fruta, el amigo y la fe llegan casi solos.

Para los que tenemos entre 40 y 60 y miramos a esas comunidades como quien mira una postal ajena, la invitación es menos dramática de lo que parece. No se trata de imitar a Okinawa ni de mudarse a Loma Linda. Se trata de decidir, cada manana, el 75 por ciento que nos toca.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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