Lo que la fruta y las bebidas dulces tienen que ver con el ánimo de los adolescentes
Dos investigaciones con más de 20.000 estudiantes secundarios asocian el consumo de fruta con menos síntomas de depresión y ansiedad, y el de bebidas azucaradas con más desánimo.
Dos investigaciones realizadas en Australia y Canadá con más de 20.000 estudiantes secundarios encontraron una correlación entre lo que los jóvenes comen y cómo se sienten emocionalmente. Según los resultados, cada porción diaria adicional de fruta se asoció con una reducción del 13% en síntomas de depresión y del 7% en ansiedad.
Qué midió el estudio australiano
El trabajo, liderado por Lily Davidson desde la Universidad de Sídney, siguió durante cuatro años a 6.537 estudiantes de 71 colegios de Nueva Gales del Sur, Queensland y Australia Occidental. Los jóvenes tenían en promedio 12 años y medio al inicio y fueron encuestados todos los años, desde séptimo hasta décimo grado.
Para aislar el efecto de la alimentación, el equipo dejó afuera a quienes ya mostraban signos marcados de malestar al comenzar y ajustó los datos por edad, sexo, nivel socioeconómico y actividad física. Los hallazgos se publicaron en la revista Child and Adolescent Mental Health. El consumo habitual de los participantes rondaba entre dos y dos porciones y media diarias.
El contraste con las bebidas azucaradas
El mismo estudio registró el efecto contrario con ciertas bebidas. El consumo frecuente de los siguientes productos se asoció con mayor probabilidad de desánimo persistente y estados de inquietud:
- Gaseosas
- Jugos envasados
- Preparados energéticos o deportivos
- Bebidas energéticas
Según el trabajo, este efecto fue más pronunciado en varones.
Lo que aporta la investigación canadiense
Una investigación paralela, publicada en Preventing Chronic Disease, la revista de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, analizó a 13.887 adolescentes en Canadá. Allí se observó el mismo patrón: una mayor presencia de frutas y verduras frescas coincidió con mejor bienestar, mientras que los refrescos endulzados se asociaron con cuadros de malestar más agudos.
Davidson aclaró que estos registros describen tendencias generales y no significan que comer una fruta resuelva un problema de salud mental. El estado emocional también depende de factores genéticos, sociales y afectivos. Aun así, remarcó que la alimentación diaria es un hábito concreto y modificable que puede sumarse como medida de prevención. Los especialistas subrayan, además, que la alimentación no reemplaza la atención clínica.
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