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VIE, 16 OCT 2026
Vida

León XIV, el Papa que se operó del pulmón: qué se sabe hasta ahora y por qué la palabra clave es "pronóstico"

El Vaticano confirmó que el pontífice fue sometido a una lobectomía videoasistida en el Policlínico Gemelli de Roma. El neurólogo Conrado Estol explicó cómo se lee un adenocarcinoma, qué se analiza después de la cirugía y por qué el tiempo de espera de los estudios genéticos puede ser tan decisivo como el bisturí.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
León XIV, el Papa que se operó del pulmón: qué se sabe hasta ahora y por qué la palabra clave es "pronóstico"

Cuando el Vaticano confirmó que León XIV había sido operado de un adenocarcinoma pulmonar, la primera imagen que me quedó dando vueltas fue la de un quirófano del Policlínico Gemelli de Roma con las luces bajas y un equipo de cirujanos trabajando durante unos noventa minutos sobre el lóbulo inferior derecho del Papa. Esa es la postal que ordena todo lo demás: una intervención que la Santa Sede presentó como programada, con evolución posoperatoria dentro de lo normal, y con un nombre técnico, adenocarcinoma, que en boca de cualquiera suena mucho más grave de lo que suele ser en la práctica clínica.

Una operación programada y un diagnóstico en el mismo acto

La cirugía, según la información oficial, consistió en una lobectomía del lóbulo inferior derecho mediante técnica videoasistida, es decir, sin abrir el tórax de manera amplia. En el propio quirófano se hizo un examen histológico del tejido y se confirmó que se trataba de un adenocarcinoma de pulmón. Después, el paciente retomó la alimentación habitual, hizo kinesioterapia respiratoria y empezó a caminar dentro de su habitación. Todo eso ocurrió en el marco de lo que el Vaticano describe como una operación de control.

Ahora bien, una lobectomía no es lo mismo que sacar un nódulo suelto. Cuando se extirpa un lóbulo completo, el objetivo oncológico es claro: asegurarse de que los márgenes queden libres de células tumorales y, al mismo tiempo, llevarse suficiente tejido para que los patólogos puedan trabajar con detalle sobre los ganglios linfáticos cercanos y la pleura, esa membrana que envuelve al pulmón. Durante la operación, un patólogo puede examinar muestras en tiempo real para distinguir entre cáncer, fibrosis o cicatrices, aunque el diagnóstico definitivo siempre se completa con el estudio microscópico posterior.

Por qué un adenocarcinoma suele ser el tumor de los no fumadores

El neurólogo Conrado Estol, que se detuvo a explicar el caso en los medios, fue muy puntual con un dato que a mí me parece clave para entender de qué se está hablando: el adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más frecuente entre las personas que no fuman, y representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en ese grupo. Además, suelelocalizarse en la periferia del pulmón, lejos de los bronquios grandes, y por eso mismo tarda más en dar síntomas. Como no obstruye una vía aérea principal, pasa inadvertido más tiempo y muchas veces aparece en una tomografía hecha por otro motivo.

El pronóstico, esa palabra que por ahora nadie puede firmar

La gran pregunta que sobrevuela el caso no es tanto qué le hicieron al Papa, sino qué tan grave era lo que le sacaron. Y ahí, como bien explicó Estol, el pronóstico depende de tres datos que todavía no se conocieron públicamente:

  • el tamaño exacto del nódulo extirpado;
  • el estado de los ganglios linfáticos cercanos, es decir, si estaban comprometidos o no;
  • si hubo compromiso de la pleura, la membrana que recubre el pulmón.

Estol planteó un escenario hipotético para mostrar cómo se lee esa información. Si el nódulo mide alrededor de dos centímetros, los ganglios están libres y la pleura no presenta compromiso, la sobrevida a cinco años puede acercarse al noventa y nueve por ciento. Es un número que, dicho en frío, sorprende, y que muestra por qué la oncología moderna insiste en no hablar de cáncer de pulmón como una sola enfermedad. Cada caso se parece a un rompecabezas, y el pronóstico se arma pieza por pieza: el tipo histológico, el tamaño, los ganglios, la pleura y, cada vez más, la genética del tumor.

La genética, la otra mesa de trabajo

En paralelo a la recuperación, laboratorios especializados están analizando la genética del tumor. Ese estudio puede detectar mutaciones específicas, como las del EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET, que permiten indicar terapias dirigidas que se administran por vía oral. La inmunoterapia es otra alternativa, en este caso aplicada por vía intravenosa. Las dos opciones pueden perder efectividad con el tiempo, por lo que el seguimiento oncológico continuo es parte del tratamiento y no un agregado posterior.

Mientras escribo esta nota pienso en eso: en que un diagnóstico como el de León XIV no se cierra en el quirófano, sino que se prolonga durante semanas en mesones de laboratorio, reuniones de comité oncológico y controles por imágenes. La operación fue el primer paso visible. Lo que viene, y que recién ahora empieza a definirse, es la letra chica del pronóstico: ese conjunto de datos que, una vez que se conozca, permitirá saber con precisión con qué se encontró el equipo médico del Gemelli y, sobre todo, qué tan atrás quedó el tumor en la vida del Papa.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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