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SÁB, 17 OCT 2026
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La momia: la aventura ochentosa disfrazada de noventera que nadie pidió pero todos recordamos

Brendan Fraser y Rachel Weisz desenterraron en 1999 una saga que mezcló acción, terror y romance con una sonrisa cómplice, bajo la dirección de Stephen Sommers.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
La momia: la aventura ochentosa disfrazada de noventera que nadie pidió pero todos recordamos

Dicen que todo remake nace de un mercado que se quedó sin ideas. La momia, la de 1999, podría ser la prueba definitiva: una película que mira a Indiana Jones con cara de Indiana Jones, pero que encima se permite el lujo de meter a una momia de tres mil años con muy malas pulgas. Y, sin embargo, funciona. Funcionó en su momento y sigue funcionando, que ya es más de lo que merecen muchas superproducciones de la época (y de esta, también).

Una tumba, dos protagonistas y un muerto muy enojado

La historia arranca con una expedición a Hamunaptra, la mítica ciudad de los muertos. Allí caen Rick O'Connell, un aventurero con más cara de pícaro que de héroe, interpretado por un Brendan Fraser en su mejor momento físico, y Evelyn Carnahan, una egiptóloga con anteojos, libros y una capacidad casi infinita de meterse en problemas, a cargo de una Rachel Weisz que sostiene cada escena con una mezcla de inteligencia y torpeza adorable.

El hallazgo de la tumba de Imhotep, un sacerdote con serios problemas con la vida eterna, es lo que enciende la mecha. La maldición se activa, el muerto vuelve a caminar entre los vivos y lo que era una búsqueda arqueológica se transforma en una carrera por evitar el apocalipsis (con permiso del público, que ya se acomodó en la butaca con pochoclo).

Tres películas y un mismo espíritu de aventura

  • La momia (1999): el origen de todo, con Fraser y Weisz como dupla central.
  • El regreso de la momia (2001): la secuela directa, con más acción, más efectos y un hijo de por medio.
  • La momia: La tumba del emperador Dragón (2008): el cierre de la trilogía, ya sin Weisz, con Jet Li reemplazando a Imhotep como villano principal.

Las tres comparten el mismo ADN: aventura, romance, monstruos antiguos y una voluntad inquebrantable de no tomarse demasiado en serio. Stephen Sommers entendió que el público no quería otra sesión solemne de arqueología, sino una montaña rusa con arena, escorpiones y maldiciones milenarias.

El personaje que nadie menciona y que se roba la película

Hay un actor que merece su párrafo propio y rara vez lo tiene: Oded Fehr, que interpreta a Ardeth Bay, el guardián de Hamunaptra. Serio, misterioso, siempre bien peinado debajo de la capucha, Fehr le da al filme el contrapunto épico que la comedia de Fraser y Weisz no podía sostener sola. Es el personaje que mira fijo a cámara y te dice, sin palabras, que esto también es una historia sobre elegidos y profecías. Pocas veces un rol tan breve dejó tanta huella.

Si tenés una noche libre y ganas de ver una aventura sin que te expliquen la historia del antiguo Egipto como en un documental, poné La momia. Es de esas películas que se ven con la misma sonrisa con la que uno se reencuentra con un viejo amigo. No es cine de autor, ni pretende serlo. Es un clásico moderno de domingo a la tarde, y eso, en este 2026, ya es un género en extinción.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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