La isla que DreamWoriks olvidó estrenar en Argentina y que, igual, vale la pena
Una aventura animada con amigas, Filipinas de fondo y una villana con mala leche: lo nuevo de DreamWorks llega sin estridencias y se apoya en la amistad para sostenerse.
Hay películas de animación que llegan con bombos y platillos y otras que aparecen como pidiendo permiso. La isla olvidada parece del segundo grupo: un estreno con todas las marcas del DreamWorks más amigable, dos protagonistas adolescentes y una ambientación en Filipinas que, como mínimo, ya es un golazo contra la rutina.
La historia sigue a Raissa y Jo, dos amigas que están a punto de separarse y que se zambullen en una aventura onírica con villana incluida. Joel Crawford y Januel Mercado dirigen; el primero viene curtido de la saga Los Croods, así que algo de ADN familiar hay. El punto de partida emocional es simple pero efectivo: la amistad como ancla antes de un cambio que nadie pidió.
Lo que funciona y lo que empalaga
¿A quién le importan los mundos fantásticos si lo que duele es que tu amiga se muda? Buena parte de la película entiende eso y deja que la fantasía sea el escenario, no el protagonista. Las protagonistas tienen grietas, no son heroínas de marketing y eso, curiosamente, les da vida. El humor físico y los gags visuales sostienen el ritmo, aunque por momentos el avasallamiento de situaciones disparatadas tapa el costado más sensible del relato.
Las referencias ochenteras están ahí (si te criaste mirando dibujos de esa época, vas a sonreír más de una vez). Y la identidad filipina se cuela sin folklore barato, lo que es toda una declaración de principios en un estudio que suele mirar hacia otro lado cuando se trata de contextualizar.
- La villana cumple su rol sin robar escena, sorprendentemente.
- El tramo final es donde la película respira y se la juega por lo emocional.
- Hay guiños a fans de la animación clásica que quizá pasen desapercibidos para el público infantojuvenil.
Joy de Leon: el nombre que conviene anotar
Acá aparece mi rescate obligado. Joy de Leon, que pone voz a Raissa, es de esas actrices que todavía no tienen el cartel que merece. Viene del cine independiente filipino, se mueve cómoda entre el drama y la comedia, y le da a su personaje una fragilidad que la película no siempre se anima a mostrar en pantalla. Si el film no te termina de cerrar, su voz sí.
¿Lo que no funciona? Algunos cambios de mundo van tan rápido que cuesta engancharse, y el villano amenazante pide a gritos un poco más de tiempo en pantalla. Pero el balance es más positivo de lo esperado.
Recomendación corta y sin vueltas: si te gustó Coco, si te bancás a Las guerreras del K-Pop o si tenés una hija adolescente a punto de mudarse, sentate a verla. Risas, alguna lágrima piadosa y una postal filipina que muy pocas veces llega al cine argentino.
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