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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

La hora más difícil del día: por qué saltarse el desayuno puede pasarles factura a los chicos en la escuela

Una revisión de investigaciones internacionales encontró una asociación entre no desayunar y un menor rendimiento escolar en chicos y adolescentes, aunque los especialistas aclaran que eso no significa que omitir esa comida provoque, por sí solo, malas calificaciones. La dietista Jennifer Hyland, de Cleveland Clinic Children’s, propone preparaciones sencillas y adelanta un consejo práctico: dejar parte del trabajo hecho la noche anterior.

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Mónica BaravalleSociedad y pueblos · · lectura 4 min
La hora más difícil del día: por qué saltarse el desayuno puede pasarles factura a los chicos en la escuela

Lo confieso de entrada: llegué a la escuela primaria de barrio con el cuaderno abierto y el estómago vacío, como tantas mañanas. La señora del quiosco, Marta, de 58 años, me miró con ese gesto entre reproche y ternura que sólo tienen las madres de toda la vida y me dijo, sin anestesia: "Mirá, nena, cómo vas a pensar si no metiste ni una galleta en la panza". Aquel día no entendí bien la advertencia. Hoy, mientras reviso un puñado de investigaciones recientes sobre chicos, adolescentes y la primera comida del día, vuelvo a aquella escena y le doy, con tristeza, la razón.

Porque la evidencia que se viene acumulando en los últimos años apunta, con bastante consistencia, en una misma dirección: saltarse el desayuno de manera habitual aparece asociado con un menor rendimiento escolar. Una revisión sistemática que reunió 45 estudios encontró que comer por la mañana puede beneficiar la atención, la memoria y la llamada función ejecutiva frente a seguir en ayunas, sobre todo cuando los chicos arrastran una alimentación insuficiente o algún grado de desnutrición.

Lo que dice la ciencia y lo que no

Ahora bien, hay que leer estos datos con cuidado y no dejarse llevar por las conclusiones apresuradas. En paralelo, un análisis que reunió 24 estudios observacionales vinculó la falta de desayuno con un mayor riesgo de desempeño académico bajo. Pero, atención, eso no significa que omitir esa comida provoque, de manera automática, malas calificaciones. También pueden estar metiendo la cola el sueño, las condiciones económicas de cada familia, la calidad general de la alimentación y hasta las rutinas de estudio en la casa.

La propia Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s, lo repite cada vez que puede: la evidencia todavía no define un desayuno ideal ni permite asegurar que los programas escolares que incentivan esa comida consigan beneficios sostenidos en el tiempo. Sirven como pistas, como señales para prestar más atención al tema, pero no como sentencias inapelables.

Por qué el cuerpo lo nota a las pocas horas

La explicación que da Hyland, y que me parece de manual para entender de qué hablamos, es bastante terrenal: después del ayuno nocturno, si un chico sale de casa con el estómago vacío aparecen cansancio, menor claridad para pensar y hasta una lentitud física que se nota en los primeros recreos. Desayunar, entonces, no es un capricho de manual de buenas costumbres, sino una manera concreta de aportar energía para sostener las primeras horas de actividad, que son, casualmente, las más exigentes.

El atajo de preparar todo la noche anterior

Lo que más me llamó la atención de la charla con la especialista, y por eso lo rescato acá, es su recomendación práctica para las familias con poco margen en la mañana: dejar una parte del desayuno lista antes de dormir. Esa pequeña organización del día anterior puede hacer una diferencia enorme cuando suena el despertador y empieza la carrera contra el reloj.

  • Avena remojada en un frasco, lista para levarse al colegio.
  • Huevos ya hervidos, que se conservan perfecto en la heladera.
  • Fruta lavada y cortada, para comer en el viaje o en el aula.
  • Sándwiches de huevo que se pueden freezar y calentar a último momento, una propuesta que también difunde la Cleveland Clinic.

Qué poner en el plato, según Hyland

A la hora de armar el desayuno, la dietista propone una regla bastante sencilla y al alcance de cualquier cocina: juntar proteínas y fibra, que son las dos aliadas para que la saciedad se estire y no aparezca el hambre voraz a media mañana. Algunas combinaciones que ella misma menciona: un huevo con una tostada integral, un cereal integral servido con leche y fruta, o un pote de yogur griego con granola de bajo contenido de azúcar. La elección final, aclara, depende siempre de las preferencias del chico, de la edad y del tiempo disponible, y conviene moderar las opciones con mucho azúcar porque pueden dejar hambre al rato y provocar un descenso posterior de energía.

Antes de cerrar, vuelvo al patio de aquella escuela y a Marta, la del quiosco, que probablemente nunca leyó una revisión sistemática en su vida y, sin embargo, se las ingeniaba para que los chicos empezaran el día con algo en la panza. La ciencia le da hoy la razón en líneas generales, aunque todavía no pueda prometer resultados mágicos. Mientras tanto, una organización mínima la noche anterior y un plato que combine proteínas con fibra pueden ser, para muchas familias argentinas, el paso más sencillo para que la primera comida del día deje de ser una asignatura pendiente.

MB
Mónica BaravalleSociedad y pueblos

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