Saltar al contenido
Interior CordobésInterior Cordobés ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 +0,65%Dólar MEP $1.542,50 +0,42%Riesgo país 648 pb +4,18%
SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

La chica de la aguja: la Copenhague en blanco y negro que te va a arruinar la noche

El director Magnus von Horn llevó al cine un caso criminal real de la Dinamarca de posguerra, con Trine Dyrholm como una de esas villanas a las que uno no puede dejar de mirar. Drama, maternidad y pobreza en una película que no regala nada.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 2 min
La chica de la aguja: la Copenhague en blanco y negro que te va a arruinar la noche

Arrancamos con una verdad incómoda: si buscan pasar un buen rato, sálganse de la sala de cine. La chica de la aguja no está aquí para hacerle compañía a nadie. La nueva película de Magnus von Horn (ese director sueco que parece gozar a su público) llega con una premisa tan cruel como efectiva: una Copenhague en blanco y negro, vapuleada por la Primera Guerra Mundial, donde una trabajadora embarazada cree encontrar una salida y termina metiéndose en la boca del lobo. Punto para el film: no necesita color para llenar la pantalla de mugre.

La historia se apoya en un caso criminal real que sacudió a la capital danesa. Von Horn se toma su tiempo para armar el rompecabezas, dosificando la información como si tuviera la paciencia de un relojero. Y acá quiero rescatar a Trine Dyrholm, una actriz danesa que en estas pampas suena a desconocida pero que se come la pantalla cada vez que aparece. Su Dagmar es una de esas mujeres que ofrecen soluciones rápidas a problemáticas imposibles: consigue familias para bebés de madres que no pueden criarlos. Amable, prolija, con esa sonrisa que nunca termina de cerrar bien. ¿Les suena el anticipo? A mí también.

La trampa dorada de la maternidad

En el medio está Karoline, la joven obrera a la que el hambre y la falta de futuro le van cerrando las opciones. La relación entre las dos mujeres sostiene todo el relato, y lo que empieza como una improbable red de apoyo va mutando en otra cosa. La película no tiene apuro en soltar la trampa, y mientras tanto deja que el espectador se intoxique con las preguntas incómodas: ¿qué hace una madre cuando no tiene con qué alimentar a su hijo? ¿Hasta dónde llega la desesperación? (Pausa para el espectador incómodo que acaba de ver el precio de la harina en el súper y traga saliva).

Visualmente, el blanco y negro no es un capricho estético: es otro personaje más. Las texturas de la ropa, las sombras en los pasillos, la luz sucia de los interiores pobretones, todo refuerza esa sensación de encierro que la propia trama ya plantea. Von Horn se permite una ciudad sin postcard, sin tourist eye, con la mugre al lado del apellido ilustre.

  • Basada en un caso criminal real de la Copenhague de posguerra.
  • Trine Dyrholm construye una villana inquietante, lejos de los maniqueísmos baratos.
  • La fotografía en blanco y negro trabaja como herramienta narrativa, no como adorno.
  • Plantea el dilema central sin respuestas fáciles: qué margen de elección le queda a quien no tiene nada.

Mi recomendación, sin vueltas y con el corazón en la mano: véanla. No es una nota alegre ni un pasatiempo de domingo a la tarde, pero tiene esa cosa rara que tienen las buenas películas: te deja pensando mucho después de que se apagó la pantalla.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo