Josh Hartnett se calzó las botas de pescador y la gente no dejó de mirar
La miniserie canadiense Bajo la superficie acumula 17 millones de vistas en cuatro días y muestra a un Hartnett inesperado en un pueblo de Terranova donde lo sobrenatural se cruza con la pesca artesanal y los fantasmas del pasado.
A veces uno se pregunta qué cuernos hace un ex galán de Hollywood enfundado en un gorefski, parado en la proa de un barco que huele a langosta y a tragedia familiar. La respuesta, evidently, es sobrevivir. Josh Hartnett se mandó a pescar bacalaos a un pueblo de Terranova donde, además de mariscos, aparecen criaturas que nadie sabe nombrar. Y la jugada le salió redonda: 17 millones de vistas en cuatro días, un golazo para una serie canadiense de seis capítulos que, en teoría, no tenía por qué despegarse de la pantalla.
Lo que cuenta Bajo la superficie (o Under the Surface, para los puristas anglófonos) es la vida de Calvin Penney (Hartnett), un pescador de Snooks Arm, una localidad tan chica que probablemente cabe entera en un par de manzanas. El tipo arrastra la muerte del padre sin terminar de hacer el duelo, problemas con la familia y, encima, un mar que empieza a mandarle señales que nadie puede explicar. Es el cóctel clásico: pueblo chico, infierno grande, océano bravo.
Una científica para bancar a la ciencia
La escena la completa Fonda Howander, una investigadora marina interpretada por Mackenzie Davis (la misma de Black Mirror y Station Eleven, digan lo que digan), que llega al pueblo con cara de no entender nada y con equipamiento de doctora. Davis le pone a la historia el lado racional frente a la intuición del pescador, una tensión que sostiene buena parte de la serie sin necesidad de andar tirando sustos cada cuatro minutos.
(Acá va una acotación al margen: si esperan jump scares tipo Hollywoodense, van de saída. La serie apuesta al terror atmosférico, ese que te eriza la piel cuando mirás fijo una pared y pensás qué hay del otro lado. Funciona, y mucho, pero hay que tenerle paciencia.)
Seis episodios de unos 40 minutos, filmados en la propia Terranova, cosa que no es un detalle menor. La producción no usa el paisaje como fondo de pantalla: el aislamiento del pueblo es parte de la trama. No hay patrulleros, no hay'aéroporto. Lo que hay, es el vecino, el barco del vecino y la cerrazón del mar. Esa pobreza geográfica se vuelve una jaula narrativa y, a la vez, un refugio.
Lo más jugoso del reparto está donde menos se lo espera
Hartnett está bien, sí, pero a esta altura el muchacho ya nos tiene acostumbradas (F opelousas, Pearl Harbor, Penny Dreadful, vaya saber). Lo interesante pasa por el elenco de supporting que rodea la trama. Hay un personaje secundario —calado en el pueblo, poco conocido fuera del circuito independiente canadiense, que se come la pantalla con cuatro gestos y dos frases bien puestas. Es de esos papeles que nadie va a premiar pero que quedan dando vueltas en la cabeza un par de semanas. Si los spoilers fueran de mi agrado, les diría el nombre. Búsquenlo. Se van a sorprender.
- Ambientada en Snooks Arm, una localidad real de Terranova, con un vínculo casi documental con la pesca artesanal.
- Seis episodios de aproximadamente 40 minutos: se ve en una tarde y queda la satisfacción de una historia cerrada.
- Mackenzie Davis aporta el contrapunto científico a un relato que prefiere la sugerencia al sobresalto.
- 17 millones de visualizaciones en cuatro días la posicionan como uno de los estrenos canadienses más vistos en la plataforma.
- La miniserie se inclina por el terror atmosférico: trabaja lo que no se ve, no lo que se muestra.
Si te copa lo sobrenatural con pies en la realidad, pueblos que son casi personajes y tragedias familiares disfrazadas de monstruo marino, arrancona el primer capítulo. No es la serie de tu vida, pero te va a dejar con ganas de mirar el segundo de una. Y, en estos tiempos, eso ya es bastante.
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