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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Gabriel Rolón recaló en Otro día perdido y armó una terapia grupal de chistes entre compañeros que se sacan chispas

Evelyn Botto y Soy Rada aprovecharon la presencia del psicoanalista para pasarle factura a Mario Pergolini por viejas rencillas del día a día: desde que les deja de seguir en redes hasta la confusión con los nombres. El conductor bancó el convite y hasta se hizo el psicoanalizar.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Gabriel Rolón recaló en Otro día perdido y armó una terapia grupal de chistes entre compañeros que se sacan chispas

Hubo que esperar a que un psicoanalista se sentara en el living de Otro día perdido para que, por fin, alguien le pusiera en palabras el dolor que Pergolini les causa a sus compañeros. Y acá estamos, informando como si fuera una primicia: el conductor no saluda con un beso, se olvida el nombre de Evelyn Botto y le dejó de seguir en Instagram a Soy Rada. Cosas del prime time.

El disparador fue la visita de Gabriel Rolón al programa, un convite que arrancó con una pulseada por los lugares en el sillón. Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada, lo invitó a sentarse justo entre él y Botto. Esa decisión, casi geométrica, le abrió la puerta a Pergolini para preguntar qué tramaban, y a partir de ahí nadie paró.

Botto, al diván: la chica nueva del programa

Evelyn Botto tomó la palabra y planteó algo que, confieso, no se me había ocurrido: lleva un año en el programa y todavía la llaman "la nueva". Como si hubiera llegado ayer con una valija. Pero el dato que sacudió al living fue otro: Pergolini, conductor, productor y dueño de casa, a veces la llama Layla. Botto lo dijo con cara de alegría y él lo justificó diciendo que le cuesta horrores retener nombres. Ella, como corresponde, rechazó la explicación en el acto. Una profesional, esta chica.

También le hizo saber al país entero que Pergolini no la saluda con un beso. Rolón, muy terapeuta él, salió con la frase milenaria: "las personas tienen distintas formas de expresar afecto". Y de paso le tiró la mismadata a Soy Rada, que tampoco acostumbra a repartir besos en los saludos. O sea: todos besos afuera, y la mesa servida para el reclamo.

Rada, a la consulta: el que te deja de seguir en redes

Acá quiero detenerme un segundo, porque la queja de Soy Rada merece párrafo propio. Resulta que Pergolini dejó de seguirlo en Instagram. Y no sólo eso: se lo anunció en persona, mirándolo a la cara, mientras compartían presumably un cortado o lo que sea que compartan en la pausa del programa. Para Rada, ese follow perdido tenía un valor simbólico: le servía como carta de presentación ante terceros. Un sello, digamos. El conductor se excusó diciendo que las publicaciones del humorista le parecían aburridas. Rada, lógico, le contestó que para eso está el botón de silenciar, sin necesidad de hacer un acto público de de-folow. Rolón, mientras tanto, tomaba notas mentales y dejaba frases sueltas sobre lo que significa dejar de seguir a alguien.

Pergolini quiso cerrar la sesión preguntando, con ese tono irónico que tiene, si la terapia grupal es para que todos se lleven bien. Rolón le respondió que depende de cada caso y le preguntó, casi como devolviéndole la pelota, si eran compañeros que tenían que seguir compartiendo programa. La respuesta fue un silencio que, en televisión, vale por un párrafo entero.

Al final, Rada cerró con un último reclamo en tono de broma sobre las actividades que le proponen y el trato que recibe. Recién después Pergolini dio por terminada la dinámica y se acordó de que tenía una entrevista que hacer. Mientras tanto, en mi casa, uno tomaba nota y pensaba que la convivencia laboral, lejos de cualquier coaching motivacional, sobrevive así: entre chistes, reclamos y un psicoanalista convidado.

Recomendación sin vueltas

Si trabajan en equipo con alguien que les deja de seguir en redes, les cambia el nombre o no les da un beso en la entrada, no llamen a un abogado: llamen a Rolón y armaron el capítulo. La dinámica de Otro día perdido es un recordatorio de que, a veces, el mejor consultorio es el que tiene cámaras prendidas. Y si no me creen, miren la nota completa y después hablamos.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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