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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Fito Páez se sentó al piano, cantó y se anotó un nuevo pendiente: dirigir una orquesta

El rosarino pasó por Otro día perdido, tocó Al lado del camino y, entre tema y tema, confesó que quiere aprender a pararse frente a una orquesta. También recordó a Charly García, las giras compartidas y una melena que le dio una lección.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Fito Páez se sentó al piano, cantó y se anotó un nuevo pendiente: dirigir una orquesta

Dicen que Fito Páez tiene más vidas artísticas que un gato. Y sin embargo, ahí estaba, sentado frente a un piano en Otro día perdido, confesando que todavía le falta aprender algo. Sí, señor: quiere aprender a dirigir una orquesta. Quien iba a suponer que después de cuatro décadas arriba de un escenario, el tipo todavía se anota nuevos pendientes.

El músico rosarino visitó el programa que conduce Mario Pergolini y se sentó a tocar. Arrancó con Al lado del camino y después se prestó a una charla que fue de menos a más, siempre con el piano como fondo. Entre tema y tema, habló de sus proyectos y de sus recuerdos, esos que a veces aparecen cuando uno se sienta frente a las teclas.

La orquesta como nuevo horizonte

(Cuarenta años de carrera y todavía con ganas de arrancar de cero: admirable o insoportable, según el día.) Páez contó que le obsesiona la mecánica orquestal, ese universo de instrumentos dialogando bajo una batuta. Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona, resumió, con esa mezcla de admiración y curiosidad que lo sigue caracterizando a la hora de hablar de música.

El interés por la dirección se suma a una lista de proyectos que el artista viene acariciando hace rato. La charla con Pergolini funcionó como una excusa para repasar la propia formación: de qué manera aprendió en el escenario, con quién compartió escenarios y qué se trae todavía entre manos para el futuro.

El recuerdo de Charly García

El momento más jugoso de la noche llegó cuando Pergolini le preguntó por una gira que habían compartido. ¿Por qué Charly García tocaba de espaldas al público? Páez arrancó con una salida bien de rosarino: Hay que preguntarle a Charly. Recién después fue al fondo del asunto y explicó que García nunca había dado una respuesta clara, aunque él imaginaba que la decisión respondía a una idea visual concreta: que el público viera una melena en movimiento.

“Me sirvió porque aprendí un montón.”Fito Páez

Esa gira, además, le dejó una enseñanza que el músico suele repetir: convivir con alguien como García enseña a observar cómo se arma un show desde la composición, la interpretación y la dirección escénica. Una especie de doctorado exprés en escenario que no está en ningún manual.

La memoria cultural, un tema que preocupa

Lo que más me quedó dando vueltas de la entrevista fue un comentario al pasar, de esos que uno dice casi sin querer y terminan valiendo oro. Páez contó que, unos quince años atrás, había armado un recital íntegramente con canciones de Charly García y se topó con gente que no las reconocía. La experiencia lo dejó preocupado por el lugar que ocupa ese repertorio en la memoria cultural. Una reflexión incómoda y necesaria en un país que a veces parece decidido a olvidar a sus gigantes.

De yapa, en un tramo que merece ser rescatado, el programa contó con la participación de Evelyn Botto y de Agustín Soy Rada Aristarán como panelistas, dos aportes que ayudaron a sostener el ritmo de la conversación mientras Fito desgranaba recuerdos.

El cierre, otra vez con el piano

La entrevista terminó como tenía que terminar: con las manos en el piano. Páez volvió a sentarse y cantó los temas que le pidieron Pergolini, Botto y Aristarán. Puro oído, puro servicio, puro show.

Si me preguntan a mí, me quedo con una recomendación sin vueltas: busquen el video completo en la página del programa. Ver a Fito Páez contando sus proyectos, acordándose de Charly y dejando entrever que todavía tiene hambre de aprender es un recordatorio de que algunos artistas, contra todo pronóstico, nunca se terminan de conformar. Y eso, para mí, vale oro.

AP
Ana Paula GribaudoCultura y espectáculos

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